martes, enero 26, 2016

BoJack Horseman, mi nuevo crush equino


Son pocos los casos de caballos antropomorfos que conozco dentro de la cultura pop, y de cada uno me he vuelto gran fan en su momento. Primero fue 30-30, la ruda ciber-montura de Bravestar (a.k.a. Lupe Esparza); después fue Caballo Negro, un pervertido muy divertido siempre rodeado de otros de igual o peor calaña que él. Ahora toca el turno a BoJack Horseman, a quien conocí durante mi última semana de vacaciones gracias a que pasé todos esos días con Hilda tiradotes en la cama jugando videojuegos y navegando en Netflix.




En cuanto vi que había una serie animada cuyo protagonista era un caballo ex estrella de una sitcom en los 90's y dueño de una mansión en Hollywood sentí mucha curiosidad, en gran parte porque tiene ciertas similitudes con el ya mencionado Caballo Negro: se relaciona con humanos y con otros animales antropomorfos, es un completo desmadroso y, como nunca falta en las caricaturas para adultos, hay una buena dosis de sexo, drogas y rock n' roll.

Sin embargo, conforme transcurren los capítulos, BoJack deja de ser simplemente divertido, rebasando la frontera de lo grotesco y cagadito; vamos, deja de ser entretenimiento light como sucede con Family guy o American dad. Lo que empieza como un tipo que se deshace en chistes escatológicos se convierte en un cabrón hijo de puta al que llega un momento en que odias y te hace pensar: "¡Pero qué cabrón! Ya no quiero ver esta mierda, lo voy a quitar", aunque termina ganando el morbo sobre qué nueva chingadera va a hacer. Después te acostumbras y viene la parte más incómoda: empiezas a identificarte (al menos a mi me pasó) con algunas situaciones y reacciones. Notas lo dolorosamente humana que es una simple caricatura y lo bien que retrata ciertas actitudes como el ego desmedido, el valemadrismo, la tendencia a la autodestrucción, lo solos que nos sentimos a veces cada uno de nosotros —como si fuéramos islas flotando en la nada del océano— y la cantidad de cosas estúpidas que somos capaces de hacer para evadir esa sensación y forzarnos a ver hacia el lado menos miserable, tratando de ser un poco felices rellenando con paja nuestros huecos existenciales.

Suena bonito, ¿no creen? Si tienen Netflix y un día entero libre chútense las dos temporadas y una sorpresa extra que anda por ahí, les aseguro que valdrá la pena el sabor metálico que les quedará en la boca al terminar.







Now Playing: The love song - Marilyn Manson


Saludos Enfermos.

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Alexander Strauffon dijo...

Yo el primer caballo antropomorfo que vi y de hecho se me quedó grabado, es el jefe del primer palacio del Zelda 2, en Nintendo. De pequeño imaginaba cómo sería toparte con una madre así en la vida real.

Daniel Mendez dijo...

Ahí sí te fallo, mi buen Alex. Nunca fui muy gamer y no ubico a ese caballo, pero por lo que dices ha de estar chingón. ¿Recuerdas su nombre? para buscarlo en Google.