domingo, abril 24, 2016

The Beatles en el Cinematógrafo del Chopo


Toda la semana pasada estuve yendo al Cinematógrafo del Chopo gracias al ciclo de cine Beatle que tienen hasta el próximo miércoles 27 de abril y, la verdad, estoy más que satisfecho. Independientemente de que me considero beatlémano y del valor histórico de cada una de las películas, debo confesar que solo había visto dos de las ocho programadas, supongo que porque a veces el tiempo no me da para ponerme a ver películas o porque siempre preferí la discografía oficial e incluso los bootlegs sobre la filmografía. A hard day's night la tengo en DVD y Yellow submarine en una preciosa edición especial blu-ray con un montón de material coleccionable (las pueden ver aquí, en mi galería de chunches beatleras), aunque la primera la repetí en el Cinematógrafo del Chopo porque era la inaugural y porque los muy tramposos la programaron como "Yeah, yeah, yeah! Paul, John, George y Ringo!" y el título no me sonaba. La segunda la vi con Hilda en su casa, ella misma me acompañó a ver The U.S. vs John Lennon el viernes y veremos Across the universe al rato; el resto me las aventé yo solito, incluyendo mi visita de mañana. My name is John Lennon, programada para el cierre del miércoles, la compré hace poco y la tengo en casa, así que ya no será necesario ir a verla allá.




Alguien me preguntó en el transcurso de la semana si no me incomodaba ir al cine solo; respondí que no, o por lo menos no cuando se trata de documentales o cualquier cosa que salga de lo comercial. Me gusta disfrutar mi ñoñería así, en cierta forma la soledad le da un sabor extra y además, tengo oportunidad de observar con atención cómo son otras personas con las mismas aficiones que yo.


En las distintas funciones me ha tocado ver a parejitas en las que ambos son beatlémanos o bien, solo uno de ellos lo es y llevó a su peoresnada a contagiarse de la magia de The Beatles (supongo que por eso no me molestó escuchar algunos cuchicheos preguntando quién era tal personaje o el por qué de alguna situación); familias con niños muy bien portados y atentos a la pantalla (aunque la mamá que llevó a sus chicos de no más de 10 años a ver Imagine el jueves quizá tenga mucho que explicarles acerca de por qué John y Yoko aparecían desnudos o qué son la mota y el LSD); algún emocionado impertinente que pasó toda la proyección de Magical mystery tour haciendo fotos con el flash y el sonido del obturador activados; y los solitarios como una señora ya mayor que no parecía dispuesta a perder detalle.


Estar en esa pequeña sala con las luces apagadas y mi beatlemanía a un lado fue mágico. Me hizo repasar mentalmente el soundtrack de mi vida y recordar tantas rolas del cuarteto de Liverpool que pertenecen a él desde hace años. Me hizo desear encontrarme con el Mefistófeles de Fausto para venderle mi alma y que me llevara a una época distinta en la que pudiera desgañitarme y llorar de emoción en un concierto de ellos, o por lo menos de John como solista. Desee también ser aquel fanático loco que pasaba las noches en el jardín de los Lennon-Ono y terminó invitado a almorzar con ellos un buen día, y no pude evitar pensar cuál hubiera sido mi reacción al estar frente a una de las personas que más admiro. Se me llenaron los ojos de lágrimas (agradecí la oscuridad de la sala en ese momento) cuando la pantalla revivió aquella trágica noticia del 8 de diciembre de 1980; también me juré a mi mismo que no moriré sin haber viajado a Liverpool para conocer las raíces de esos cuatro tipos a los que amo y a New York para dejar mis lágrimas y algo más en la ofrenda que, año con año, fans de todo el mundo le dejan en el John Lennon Memorial de Strawberry Fields.




Tengo que agradecer mucho al Cinematógrafo del Chopo por hacerme recordar cuánto amo la música de The Beatles; de repente me pierdo navegando en Internet y buscando nuevas opciones para escuchar, pero siempre es bonito regresar a puerto y encontrarme de nuevo con que la música de los Fab Four siempre me acompañará y que John ha sido mi Beatle favorito desde siempre no solo por lo que hacía como artista sino por el montón de cosas que me hacen identificarme con él.

Si bien el ciclo tiene detalles que podrían mejorarse como el que no hay servicio de dulcería (no entiendo por qué, si hasta en la Cineteca Nacional venden palomitas) o que la difusión en la fanpage del Museo Universitario del Chopo fue muy poca para la clase de evento que es (eso se reflejó en que nunca vi más de 40 personas en una función de las 19:30), al final satisface a quienes asistimos y por lo menos a mi me quedaron ganas no solo de más películas y documentales beatleros, sino de aseguir apoyando a este tipo de proyectos asistiendo todas las veces que pueda y difundiendo. Es por eso que me disgustó un poco ver en la taquilla a una pareja de señores ya entrados en años que le pedían a una maestra jubilada que por favor les sacara boletos a mitad de precio para pagar 20 pesos en lugar de 40, por ejemplo; en este tipo de cosas no se escatima, y menos si se es un fan de verdad. Si bien ya dije que no iré el miércoles porque esa peli ya la tengo, no dejaré de pagar gustoso mis 40 pesitos mañana para ver All together now: The Beatles, Love. Ojalá se animen, queridos dos o tres lectores, y se den una vuelta por allá para las tres funciones que restan. Seguro las disfrutan y, si no son beatlémanos ya, en una de esas se enamoran del legado de The Beatles.






Saludos Enfermos.


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