domingo, junio 05, 2016

Nueve años de vida y un breve vistazo al pasado


El viernes fue día bonito y especial: se cumplieron nueve añotes desde que abrí este espacio en la red. El agradecimiento a todos los que pasan por acá y le dedican unos minutos a las cosas que escribo está implícito en que, sencillamente, sigo escribiendo, así que una vez más evitaré caer en el cliché de dedicar unas palabras a mis queridos pocos lectores y mejor les comparto el regalo de cumpleaños que le hago a El Pensador Mexicano, que tras tantas vueltas al Sol se ha convertido no solo en una parte de mi vida, sino en una extensión mía.

Como saben, mi blog toma su nombre de la colonia donde vivo; al principio me parecía un tanto pretencioso referirme a mi mismo como "El Pensador Mexicano" y de hecho pensé en usar algún otro nombre pero de repente me dio hueva y así se quedó. Una noche, navegando en Internet mientras buscaba no recuerdo qué cosa, encontré la biografía del señor José Joaquín Fernández de Lizardi, un escritor que se consolidó a principios del siglo XIX ni más ni menos que como el iniciador de la novela en América. Me puse a hacer la tarea y entre otras cosas descubrí que gracias a su pensamiento liberal, las novelas que escribió tenían un tono satírico para con la sociedad de su época y que además de estas piezas literarias (de las que, confieso, solo he leído un pequeño compendio de 200 páginas que encontré en el librero de mi papá, además de Vida y hechos del famoso caballero Don Catrín de la Fachenda cuando estaba en primaria, pero muero de ganas de leerlas completas) tuvo un semanario que publicó de 1812 a 1814 al que llamó...¿adivinan? El Pensador Mexicano.


Guiñando el ojito pa'l Face


Como al señor a veces se le pasaba un poquito el tono de las publicaciones, eventualmente tenía algún problema con las autoridades de la Nueva España e incluso llegó a dar con sus huesos en la cárcel, por manchadito y revoltoso; una de las frases que leí en la reseña de sus obras, mejor reflejan su ideología y me hizo mucho eco dice:

"A mi no me apasiona sino la verdad y la justicia, y fuera de esto yo no tengo amigos, deudos ni paisanos. Contra mi padre he de declamar, si mi padre está poseído de los vicios"

Bajo esta premisa, llegó a ser tan incisivo que el virreinato le obligó a suspender la publicación de El Pensador Mexicano tras dos años de impresiones semanales mediante un decreto que violaba claramente la libertad de prensa. In memoriam, decidió adoptar el nombre de su periódico como seudónimo y con él pasó a la historia, de la mano de El periquillo sarniento, La Quijotita y su prima, Noches tristes y día alegre, Vida y hechos del famoso caballero Don Catrín de la Fachenda y El triste de Altamirano.

Ya con la conciencia de quién era el personaje al que sin querer le usurpé el nombre, dejé de lado el tema nuevamente hasta que, durante el fin de semana que pasamos Hilda y yo hace tiempo en Tepotzotlan (del que les hablé aquí) supe que el señor Fernández de Lizardi había vivido en ese pueblito desde la infancia temprana y hasta que se mudó a la Cedemequis para estudiar en el Colegio de San Ildefonso. Aquella vez se me pasó totalmente el dato, como que nada mas lo anoté por encimita, pero hace unas semanas lo recordé y ¿por qué no? Volvimos para conocer un poco más a fondo la casa del célebre escritor.




El tiempo no pasa en vano; la encontramos a unos cuantos pasos del Museo del Virreinato convertida en Plaza Tepotzotlan, un pequeño centro comercial semidesierto cuya mayor atracción son los restaurantes y cafeterías que pueblan la planta baja. El dueño de Restaurante Jimador, Tony Pineda, me platicó que aunque ha recibido varias remodelaciones con el paso de los años, todavía conserva buena parte de su estructura original y que incluso donde ahora se encuentra la cocina de este restaurant, antes estaban las imprentas que El Pensador Mexicano utilizaba para dar cuerpo a sus obras. Más allá algunas dependencias gubernamentales, una estética para mascotas, una ferretería y hasta un estudio tattoo habitan algunos de los locales, mientras otros pocos están desocupados; un par de barecitos atraen a los chicos del pueblo, quienes junto a las familias que asisten a convivir y degustar algún platillo para alegrarse el domingo llenan de vida nuevamente a un inmueble que vio nacer tantas ideas de esas que todavía necesita este país.


Aquí es donde ocurría la magia.


No vendré con un choro del estilo "Sentí el espíritu del México libre entre sus muros", "Casi pude ver cómo era la vida de ese entonces entre sus muros y pasillos" o "Mi alma liberal percibió el olor de la tinta y ésta me llegó al corazón". No, la verdad es que aunque me gustó estar ahí y ver que se encuentra bien cuidado, amaría que alguna iniciativa municipal, federal o privada se hiciera cargo de inmueble para darle justo tributo a la vida y obra de un personaje de nuestra historia tan valioso como el que más, y que a mi me ha dado, sin querer, la inspiración para por lo menos tratar de seguir su camino. Yo no soy escritor, soy un tipo que escribe cosas en una página web (es muy distinto); no he vivido una situación tan dura como las que vivió él, vamos, ¡ni siquiera he tenido un problema con la autoridad por las cosas que escribo! la única coincidencia, además del nombre entre su periódico y mi minúsculo rincón dentro de la web, es que compartimos un amor por la libertad (con algunos matices entre su pensamiento, estilo y enfoque, y los míos) que espero pueda trascender, quizá dentro de muchos años, cuando algún despistado descubra este blog y se enganche con lo que lea en él.


El resto de la galería, aquí.


Llevo apenas nueve años construyendo esto paso a paso, a veces con mucha menos constancia de la que yo quisiera, al punto en que mis publicaciones pasaron de ser casi diarias al inicio, a una por semana actualmente. Sin embargo, haber estado allá, sabiendo quién habitó esa casa, me dio nuevos bríos. Quizá dentro de poco se ponga un poco más complicada mi vida virtual, pero este noveno aniversario me dejó con las pilas más recargadas y me dio nuevas ganas de continuar y saber hasta dónde puedo llegar con El Pensador Mexicano.


Feliz cumpleaños, blogcito mío, ¡y que vengan muchos más!






Saludos Enfermos.


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