viernes, julio 29, 2016

En las calles de @Guanajuato


Hace tres artículos les platiqué un poco acerca del Museo Iconográfico del Quijote, que visité el año pasado durante un viajecito a Guanajuato. Revisando el montón de fotos de esas vacaciones que tengo pendientes encontré algunas de otros Quijotes que, aunque no pertenecen a la colección más importante de Latinoamérica, merecen toda la atención si se los encuentran mientras caminan por ahí (para que vean que no solo cazar Pokemiones está de moda):


Más Quijotes, aquí.


Obviamente, Guanajuato es muchísimo más que el célebre caballero de la triste figura. Le traía ganas desde hacía mucho tiempo porque siempre me ha parecido una ciudad misteriosa y atractiva con todos esos callejones enredados, tradiciones, gastronomía, legado histórico y la magia que envuelve a una Ciudad Patrimonio de la Humanidad. Miren qué hermosa se ve desde el mirador del Monumento al Pípila, ubicado en el Cerro de San Miguel:




Hablando del famoso Pípila, dijo alguna vez Lucas Alamán (quien a los 17 años de edad vivió el episodio más importante en la historia guanajuatense), que en realidad no existió. Sin embargo, mito o realidad, el hombre se convirtió no solo en el símbolo de los mineros que se unieron a la causa insurgente, sino de los mexicanos que alcanzan victorias importantes con el arrojo y la valentía que, según la leyenda, Juan José de los Reyes Martínez Amaro mostró al cargarse a la espalda una pesada losa para resistir los plomazos enemigos, llegar a la puerta de la Alhóndiga de Granaditas y prenderle fuego, generando la primera victoria para la causa.

Dicen que nació en el pueblo que ahora se llama San Miguel de Allende; que era güerito y pecoso, muy parecido a los huevos de guajolote, a los que debe el apodo de "Pípíla". Creo que, aún en caso de no ser cierta su existencia o los hechos que se le atribuyen, él forma parte de un imaginario colectivo que tanta falta le hace a este país retomar y seguir como ejemplo. Por eso, a manera de homenaje póstumo (se dice que falleció en 1863 a consecuencia del rudo trabajo dentro de las minas), desde 1939, por órdenes de Lázaro Cárdenas, se convirtió en el guardián de la ciudad en forma de un gigante de 28 metros de altura esculpido en cantera rosa y morada, creado por Juan Fernando Olaguibel, el mismo creador de la Diana Cazadora que engalana al Paseo de la Reforma en la CDMX. Por cierto: en el Cerro de San Miguel no sucedió nada importante históricamente hablando, solo lo pusieron ahí por la excelente vista y ubicación, y porque #Yolo.




Otro dato curioso: sé que pocos ubicamos la referencia porque rara vez llegamos a tener semejante tesoro entre las manos, pero...¿sabían que el señor Martínez aparece en el billete de $1,000.00, al fondo, casi oculto por la fachada de la Universidad de Guanajuato?




En 1732 llegaron a la ciudad sacerdotes jesuitas, que se encargarían de la enseñanza (para la gente con plata, claro está) e inaugurarían el edificio de la Universidad, que originalmente se llamó Colegio de la Santísima Trinidad y era bastante mamoncito y elitista, dado que impartía clases solamente a 86 alumnos. Para 1945 dejó de ser colegio y se convirtió en la que ahora conocemos como Universidad de Guanajuato; el gobierno remodela el edificio, poniéndole esa hermosa fachada blanca que la hace parecer salida de una película de Harry Potter y agrega la escalinata con 86 escalones, que representan a los 86 hijos de papi ya mencionados. Otra particularidad es que en esta universidad solo se impartían leyes y el resto del edificio era la rectoría, aunque como es lógico, la UG se expandió llevando conocimiento a otras ciudades del estado y ampliando su oferta educativa.




Viendo esta bonita foto nocturna de la UG, recordé cuánto cambia Guanajuato del día a la noche. Ambas facetas presentan a una ciudad guapa, con mucho porte, en gran parte debido a que en sus calles no hay semáforos, anuncios luminosos, fábricas ni zonas residenciales con la intención de conservar su patrimonio arquitectónico y colonial. De día es colorida, alegre, un bellísimo laberinto en el que da gusto perderse para descubrir todas las tradiciones y secretos que se puedan.  Por ejemplo, curioseando por toda la ciudad aprendí que fue fundada en 1554 a 2,008 metros sobre el nivel del mar; que cuenta actualmente con 160,000 habitantes y una riqueza cultural que cualquier otro lugar envidiaría. Su nombre, que antiguamente era Quanaxhuato, se debe a que los antiguos habitantes de estas tierras adoraban a las ranas, animales representativos de la fertilidad; pero no hay que irse con la finta: pese a que la traducción tarasco-español sería algo como "Lugar donde abundan las ranas", esto no se debe a que haya muchos de estos anfibios en la región, sino a las formaciones montañosas que rodean a la ciudad, de entre las que destacan el Cerro del Meco y sus dos enormes piedras en forma de ranas.


También tienen un Cerro de La Bufa, ¡como en mi rancho!


La ciudad creció a pasos agigantados durante la época colonial; empezó en la hondonada y después creció hacia arriba, abarcando lo que ahora se llama Circuito Minero Guanajuatense (aunque más allá de las montañas ya no es Guanajuato, sino pueblos mineros, de los que muy pocos llegan a ofrecer atractivo turístico porque las minas no brindan acceso al público y solo va la gente que trabaja en ellas). De todos modos eso no afecta, porque dentro de los límites de esta bella ciudad hay 16 minas, las cuales siguen activas. De ellas, la más famosa es la Mina de San Juan de Rayas: ni más ni menos que la primera en ser descubierta, lo que impulsó la fundación de la ciudad. Tiene una profundidad de 425 metros y de ella se extraen oro, plata, bronce, cuarzo, amatista, calcita y más de 40 minerales distintos en total.




Otra que estaba muy cabrona era La Valenciana, que sí es turística y puedes bajar en ella caminando hasta 75 metros (aunque cuando Hilda y yo fuimos, estaba cerrada y luego ya no hubo oportunidad, snif). Fue una de las más ricas del mundo y llevó, tristemente, a Guanajuato al escaparate europeo: casi el 40% del oro que circulaba en el mundo durante el siglo XVIII procedía de ella. En contraste, la escasez de alimentos, el alza en los precios de los mismos, la falta de empleo y los bajos salarios (cualquier parecido con la actualidad es mera coincidencia) fueron las principales causas del estallido de la guerra de independencia en el Bajío. El ejército comandado por Miguel Hidalgo se nutrió de desposeídos que recogía en cada pueblo, quienes veían en el movimiento la forma de hacerse de algo de plata robando todo lo que podían; es por eso que alrededor de las minas se construyeron fortificaciones para evitar que los esclavos escaparan y también prevenir robos. Después vino el episodio de la Alhóndiga (que tocaré en otro artículo porque merece especial atención), el origen del mito del ya mencionado Pípila, ¡incluso fue capital del país durante el gobierno de Benito Juárez, a principio de 1858!


Más fotos de esta intrincada ciudad, aquí.


En sus calles lo mismo encuentras una tiendita familiar, con comedor y cocina a la vista...




...que el Mercado Hidalgo, diseñado en los mismísimos talleres parisinos de Gustave Alexandre Eiffel (¿les suena?), con todo y torre traída directamente de Bélgica. ¿Por qué invertirle tanto a un simple mercado? La razón es que originalmente la estructura fue pensada como estación de trenes, y es muy cagado porque, como casi siempre sucede con las obras públicas en México —hechas pensando más en el lucimiento del gobierno que en la funcionalidad para los ciudadanos—, en 1910 Guanajuato tenía la mejor estación de trenes de toda América...pero no tenía tren. Ya saben, la fijación que tenía Porfirio Díaz con lo francés, los trenes y el progreso. Al final fue inaugurado el 16 de septiembre de 1910 para celebrar el primer centenario de la Independencia, aunque ya todos sabemos el desmadre que se armó un par de meses después.


Más detalles, aquí.


Mientras tanto, en el mercado de al lado (que no recuerdo cómo se llama), una belleza guanajuatense te invita a probar la gastronomía del lugar, y por más que quieras, no puedes decirle que no.




La simpatía y creatividad de los habitantes de esta ciudad están a la vuelta de cada esquina.




Atrapa la atención de cualquier turista, más si tiene una cámara a la mano.




¡Hasta Deadpool andaba dando el roll por ahí!




Quizá buscaba a los 43 que todavía nos faltan...




...a los que fueron al INEA, pero solo pasaron por fuera...




...o a cierta viejita estafadora que vive en esta casa (la que aparece a la derecha, en la foto), desde cuya puerta pide dinero a todos los que bajan desde El Pípila argumentando que es para sus medicinas; sin embargo, una vecina cuenta que pese a que vive sola, sus hijos son médicos y abogados con muy buen sueldo y, de hecho, la propiedad da vuelta a la manzana completa.




El hecho es que todos tenemos un motivo para ir allá y, quizá, encontrar alguna bonita sorpresa. Como en mi caso, que encontré hasta una calle con el día de mi cumpleaños:




Hablando de festejos...sin querer nos encontramos con un contingente que festejaba el Día nacional del adulto mayor. Fue una linda sorpresa porque además de inundar las calles con la alegría que aún tienen por vivir, a Hilda y a mi nos movieron recuerdos de esas personas especiales que ya no se encuentran con nosotros, y las sonrisas se mezclaron con nudos en la garganta y lágrimas contenidas.


Más fotos, acá.


Si de día Guanajuato es una joya, de noche, simplemente, te atrapa. Aclaro que no voy a recomendar antros o bares porque no conocí ninguno; cuando visito alguna otra ciudad los evito porque ya estoy viejo y amanecer crudo al otro día no me permitiría pasear como me gusta, y porque la neta para estar de pedote mejor me quedo aquí, en la CDMX. Lo que le gusta es salir y conocer lo más tradicional de la noche de cada lugar, y en Guanajuato hay algo que, sí o sí, deben hacer cuando vayan: unirse a las callejoneadas, disfrutar el rico (pero ligero) chupe que les sirven en una vasija con forma de rana que se llama purrón y seguir a la estudiantina en su recorrido por una ciudad que deja salir sus mejores canciones, bailes y leyendas por la noche.




La noche guanajuatense te regala la oportunidad de cantarle a la luna...




...de aprovechar la complicidad de la noche para cobijarte bajo un balcón y decirle cosas al oído a tu peoresnada.




O simplemente deambular por ahí, parar por algo para cenar y encontrarte con la cerveza artesanal favorita de la ciudad (y que, por cierto, me encantó). No recuerdo el nombre del restaurant donde la encontré, pero no importa; ustedes vayan, que seguro alguien por allá les puede orientar mejor que yo.


Más fotos de la bella Guanajuato nocturna, aquí.


Después de recuperar fuerzas con unos deliciosos tacos acompañados de una Gambusino, ¿qué tal un paseo por el que —en mi opinión— es el segundo atractivo nocturno más grande de la ciudad? los túneles, que hace un par de siglos eran ríos en los cuales la gente se abastecía de agua y ahora hacen un parísimo desahogando el tránsito de una ciudad que, por tradición, debe recorrerse a pie en su superficie. Además, ¡por las noches funcionan como estacionamientos públicos! de hecho me sorprendió mucho la confianza con que la gente deja su coche como si nada, sabiendo que cualquiera puede andar paseando por ahí a altas horas de la madrugada y no habrá ningún problema. Tan poco acostumbrados estamos los capitalinos a tal tranquilidad que al inicio del recorrido subterráneo Hilda estaba un tanto temerosa y yo alerta, pero conforme avanzamos y nos dirigimos hacia nuestro hotel, los nervios se calmaron y disfrutamos una experiencia que difícilmente podremos encontrar en otro lugar de nuestro hermoso país.


Más fotos de los túneles, acá.


¿Se les antoja? ¡Aprovechen que ya es fin de semana! les garantizo que regresarán tan maravillados como yo, y les prometo además que pronto habrá aquí, en su blog de confianza, más sorpresas traídas directamente del Granero del Bajío. ¡Hasta la próxima!




Now Playing: 'Till there was you (live) - The Beatles


Saludos Enfermos.

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