miércoles, septiembre 14, 2016

La dificultad de decir algo bonito a una persona desconocida


Cualquier día entre semana, hora pico de la salida de las hordas Godínez: entre seis y siete de la noche.

Con el tren hasta la madre, abordó una familia pequeña: papá, mamá e hija. Como pudieron llegaron al fondo del vagón, donde me encontraba; les hice un hueco pegándome más a la puerta y dejando que se acomodaran junto al tubo para que les fuera más fácil sostenerse. La niña llamó mi atención de una forma especial; tenía puesto un gorro lila y cuando se descubrió vi que su cabecita parecía la de un niño por el cabello tan corto. De repente se sintió cansada y pidió a su mamá que la cargara; la señora, como pudo, levantó a su chamaca, aunque un par de veces le advirtió:

—Bueno, te cargo, pero pesas mucho y a lo mejor te bajo, ¿eh?

La niña respondió besando a su mamá, jugando con su cara y a morderle la nariz mientras la mamá hacía lo propio. Entre risas, le dijo:

—Me gusta tu cabello, mamá. Tu cabello es bonito.

Ahí fue donde me acabó de matar. El punto es que, entre sus risas y la ternura de sus palabras, me di cuenta de la bonita familia que formaban porque, mientras ellas jugaban, el papá las observaba con una leve sonrisa en los labios y una mirada como de "Estas son mis dos mujeres".

En ese momento recordé que hace años, cuando aún no nacía mi hermana, mi papá, mi mamá y yo nos movíamos en esos pinches chimecos todos culeros que circulaban por el Estado de México en los 80's y pensé que seguramente se las vieron igual de negras, apretujados entre tanta gente y cuidando lo mejor que podían a su escuincle; casi pude verme en brazos de mi mamá, ella tratando de entretenerme para que el camino no me fuera tan pesado, mientras mi papá nos observaba con la misma expresión que este señor veía a su esposa e hija.

Por un momento tuve ganas de decirle lo que pensaba, tal cual: "Qué bonita familia son, ¡felicidades!", pero consideré que estaba fuera de lugar, lo que es gracioso porque para otras cosas —como gritarle en la cara a alguien que se vaya a la mierda o ponerle unos chingazos por pasadito de rosca no tengo ningún empacho. Me conformé con tragarme el nudo de la garganta, abrirle espacio a la señora para que pudiera sentar a su nena en el asiento que quedó libre cerca de mi y seguir el recorrido un par de estaciones más antes de dedicarle una sonrisa a la niña y salir del tren.







Now Playing: Sister savior - The Rapture


Saludos Enfermos.


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