jueves, septiembre 29, 2016

Ya tengo la edad de Yisus Loquillo




Ayer cumplí 33 años y no he tenido (ni tendré) tiempo de celebrarlo como se debe, básicamente porque tengo una cantidad de trabajo que raya en lo irreal. Por lo mismo, decidí hacer un ejercicio que me ayude a optimizar mis tiempos para no abandonar el blog sin invertirle demasiado tiempo —y a la vez no meter algo que sea mero relleno—. Así las cosas, y aprovechando la fecha, quiero mencionar diez personas, cosas o situaciones por las que estoy muy agradecido y que disfruto mucho ahora. No hay orden de importancia, así que si están leyendo esto y aparecen en la lista no se preocupen por tener la casilla 1 o la 10, que todas ocupan un lugar muy importante en mi vida:


1.- ¡Hablando del recabrón trabajo! Desde hace prácticamente dos meses tengo jornadas salvajes de siete días a la semana jalando duro, y pese a que cada semana me pregunto si vale la pena acabar así de molido como termino, siempre encuentro una razón para decir "Sí, sigue adelante y no estés de puto". No tengo descanso y a veces siento que desfallezco, pero no me detengo, voy siempre hacia adelante, y esa sensación, combinada con el momento en que los resultados llegan, no tiene par.

2.- Mi pareja. Vamos para casi tres años juntos y cada vez tenemos mejor sincronía; atrás quedaron los tiempos de inseguridades, celos y enojos por cualquier tontería, También quedó atrás ese lapso en el que todo era pura pasión para dar paso a otra cosa, algo que —me atrevo a decir— es lo más cercano al verdadero amor: un sentimiento de paz cuando estoy con ella. Creo que eso rebasa cualquier otra expectativa que pudiera tener, y soy muy feliz.

3.- Mi familia. Tengo a mis papás, tengo a la mayoría de mis tíos, tengo a mi hermana, a mis primos y primas, a mi sobrinita que cada día nos sorprende a todos con algo nuevo, lleno de ternura e inocencia. Pero aún mejor que tenerlos, es saberme un adulto que puede estar a la altura de las circunstancias y ayudar a cualquiera de ellos cuando se necesite, que tengo la capacidad de disfrutar al máximo esos (por el trabajo) más breves y menos frecuentes momentos para estar juntos, y que aunque a veces habrá alguna diferencia o motivo para que los ánimos se calienten repentinamente, me siento capaz de aislar lo molesto de la situación, de separarla de la esencia de la persona. Eso es lo que me hace amarlos más que nunca.

4.- Poder adquisitivo. Vamos, no me sobra la plata, pero tampoco estoy en una situación tan precaria que no me alcance para cubrir mis necesidades básicas y, ¿por qué no? darme algún lujo de repente, que para eso me parto la madre tan duro.

5.- Más autocontrol. Sigo teniendo un carácter de la chingada, pero —aunque todavía se me nota en la mirada y el lenguaje corporal cuando me encabrono— por lo menos ya no exploto tan fácilmente, lo que me reporta muchísimos menos arrepentimientos y sentimientos de culpa. Quizá para cuando tenga 70 años logre dominar por completo esa explosividad y me dedique a predicar el amor y paz o alguna mierda utópica de esas.

6.- Experiencia interpersonal. De la mano del punto anterior va el poner más atención a cómo son las personas, valorarlas de un modo bastante más flexible y dejar ir ciertas cosas por salud mental (no sin antes una buena dosis de mentadas de madre, que tampoco es que me haya vuelto un santo). Todavía me encabronan las injusticias y la falta de honor de cierto tipo de personas, y de hecho conozco a dos o tres comemierda a los que me encantaría ajustarles las tuercas, pero por lo menos ya no soy el mismo polvorín en potencia que era hace un par de años.

7.- Mis amigos. No tengo muchos ni pocos, sino los que necesito. A varios de ellos ya no los veo con la frecuencia que desearía (pero los sigo queriendo igual que cuando estábamos juntos), otros han retomado un lugar trascendente en mi vida después de un rato de ausencia, unos más pasaron de ser simples compañeros de trabajo a hermanos entrañables. Algunos ya se casaron y tienen hijos, por lo que el desmadre ya no es como antes de ir a atascarnos de cerveza hasta vomitar; ahora ya voy a sus cumpleaños en casa, cenamos algo rico y bebemos un poco de vino, lo que también me gusta mucho. Los tiempos cambian y las personas se adaptan a ellos, pero mientras exista el sentimiento, estamos del otro lado.

8.- Bagaje cultural. Ojo, que acá no quiero decir que yo sea intelectual, erudito o algo por el estilo; simplemente pienso que todos los años que llevo explorando cosas nuevas empiezan a dar fruto y, aunque lógicamente me falta muchísimo por conocer (¡y qué bueno! porque lo contrario sería de hueva), ya puedo sentirme un poquito orgulloso del conocimiento que he adquirido.

9.- Mi salud. Conozco gente de mi edad o más joven que tiene un chingo de achaques: les da migraña, gastritis, se quedan pelones, van al psicólogo, todo les pasa. Supongo que es por el stress del ritmo de vida que llevamos los adultos de ahora, y eso me da dos ideas: o mi sistema de mentar madres a discreción para no quedarme con nada y evitar una explosión funciona, o un buen día me va a pegar todo junto. Lo chido es que, hasta ahora, todo está bajo control. Además, ¡quién sabe de dónde saco tanta energía! espero no estar chingándome la que tenía de reserva para cuando llegara la hora de mi retiro.

10.- El concierto de Roger Waters, al rato. Voy a ver a un dios del rock dentro de unas horas. No necesito ahondar más en el tema, ¿verdad?


Y bueno, esas fueron las diez cosas que más agradezco, que me impulsan para seguir adelante y me hacen encajar el stress que justo en este momento me agobia, justo cuando terminé de escribir en este pequeño oasis mío (durante mi hora de comida) para continuar con la madriza. ¿Quién dijo "miedo"?




Now Playing: Hey you - Pink Floyd


Saludos Enfermos.


0 han opinado. ¡Da click y hazlo también!: