miércoles, octubre 05, 2016

Desee que estuvieras ahí




El jueves pasado, como parte de mis festejos cumpleañeros, Hilda me llevó al concierto de Roger Waters en el Foro Sol. Me emocioné desde que llegamos allá, sobre todo cuando vi el excelente lugar que teníamos (las gradas más cercanas al escenario, más o menos donde comenzaba General B), pero lo que hace siempre tan especial a la música de Pink Floyd para mi, es la carga emocional que siempre le acompaña.

Me hice fan de ellos gracias a que hace muchos años encontré este tesoro entre la enorme colección de discos de mi papá:




Años después llegó el novio de una de mis tías, llamado Juan; se casó con ella y entre el montón de cosas geniales que ha aportado a esta familia, está el excelente gusto musical con que apuntaló lo que aprendí de mi papá.


One of my turns

Con el correr de los años, después de chutarme toda la discografía y mientras pasaba por la etapa más autodestructiva de mi vida en que al llegar a casa después de cada borrachera, sin falta, abría una botella y veía la película o escuchaba el disco una y otra vez hasta que amanecía o se terminaba el pomo (lo que sucediera primero), descubrí que The Wall era mi favorito y por eso, cuando Roger Waters vino hace unos años con un espectáculo basado en ese discazo, decidí que no me lo perdería por nada en el mundo.

Esa vez solo alcanzó la plata para comprar boletos de hasta arriba; yo estaba con mi novia de turno y una amiga en las últimas gradas, justo debajo del segundo reflector de izquierda a derecha.




In the flesh?

Todo transcurrió como se podía esperar en un espectáculo de ese calibre: la enorme pantalla recreaba momentos de la película y el famoso "Estamos hasta la madre" relativo al asunto de las muertas de Juárez apareció como la primera manifestación de corte político que yo veía hacer a Roger Waters en nuestro país; escuchar a uno de mis dioses en vivo me erizaba la piel, causando que las cervezas corrieran una tras otra por mis tripas (el efecto The Wall, le llamo), y como consecuencia, tuve que ir al baño varias veces. En una de esas idas, unas cuantas filas abajo de donde  yo estaba, encontré a mi tío Juan acompañado de mi primo (quien en ese entonces tenía unos quince años) y dos familiares suyos más. Me alegró tanto verlos que solo atiné a sorprenderme y decir "Hey, ¿qué pedo? ¿cómo lo están pasando?". Nos saludamos brevemente, fui a lo mío y regresé a mi lugar, esperando encontrarlos a la salida del concierto, pero entre el gentío los perdí y ya no se pudo.

Ese es el recuerdo más bonito que tengo de Roger Waters: The Wall, con todo y lo maravilloso que fue el concierto. Un detalle tan pequeño como significativo, algo tan universal como la música uniendo a la parte de mi familia que estaba presente y recordándome quién ha sido, entre muchas otras cosas, un pilar incuestionable en mi formación musical.


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Shine on you, crazy diamond

Hace apenas unas semanas mi tío estuvo internado en el hospital por un tema muy delicado; no sabíamos si iba a salir de esa. En cuanto nos enteramos, todos hicimos nuestro mejor esfuerzo para apoyarles tanto a él como a mi tía y mis primos, y afortunadamente todo salió genial. Solo que, fiel a mi costumbre, no me permití llorar, ni angustiarme, ¡ni siquiera ilusionarme cuando su estado de salud comenzó a mejorar! por miedo a que fuera una de esas veces en que el convaleciente empieza a tener mejor cara y de repente se muere. Preferí estar ecuánime, mantenerme objetivo, no dejar que mis emociones me ganaran y estar en todo momento listo para lo que se necesitara. Sin embargo, este jueves en el Foro Sol, ya con tres litros de cerveza encima y los primeros acordes de Wish you were here...


So, so you think you can tell heaven from hell, blue skies from pain?...

Y el nudo en la garganta se hizo presente, pero pude cantar.

...did they get you to trade your heroes from ghosts?

Mi respiración se agitó, pero igual pude seguir cantando.

...we're just two lost souls swimming in a fish bowl year after year...

El llanto volvió mi voz más ronca de lo habitual.

...the same old fears...

Ya mejor me quité los lentes, que no dejan correr a gusto las lágrimas.

...wish you were here.


Como le dije a Hilda, después de eso me descansó el alma. Todas las sensaciones que me había tragado para no romperme, el stress, el miedo, fueron exorcizados de un plumazo. ¡Y qué mejor! porque así pude disfrutar el resto del concierto sin esa opresión en el pecho y con toda la energía que merecían el arte que hace Mr. Waters y su grandioso mensaje político, aunque haya quienes pretendan desvirtuarlo señalando que vino a regañar al gobierno de parte del mismo gobierno, o que se unió al pan y circo con que presuntamente Miguel Ángel Mancera pretende taparle el ojo al macho (no veo qué tengan que ver los resultados de su gestión con los conciertos masivos, si estos últimos siempre han existido). Quizá tengan razón, a lo mejor el mensaje de Roger Waters pierde fuerza al contar con la aprobación de la facción que tiene el poder en esta ciudad (y quizá también de la misma que gobierna al país), pero quienes nieguen el fuego que se siente por dentro al ver esto, será porque tienen el pecho frío y el alma muerta:



¿Quieres algunas fotos de la increíble pantalla de Waters? haz click aquí.

Autorizados o no los mensajes, polémicos o no, efectivos o no, eso ya dependerá de cada quién. Yo me quedo con la innegable calidad musical de este señor, su forma de arengar el espíritu de quienes deseamos un país digno para vivir, el haber podido cantar a todo pulmón el You'll never walk alone por primera vez en un evento masivo (¡Liverpool, ya quiero estar allá!) y las entrañables vivencias que siempre me acompañarán fondeadas por la música que alguien especial me enseñó a amar. No pudimos coincidir en las gradas esta vez, pero estoy seguro de que habrá una nueva ocasión. Siempre desearé que esté ahí.




Now Playing: Is there anybody out there? - Pink Floyd


Saludos Enfermos.


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