domingo, octubre 16, 2016

Tengo ganas de extender la tabla del tres hasta el infinito


Esta semana cumplimos tres años de novios Hilda y yo; sin embargo, el festejo no sería como en los dos doces de octubre anteriores. La primera vez nos fuimos a Huatulco y Zipolite; el año pasado el festejo fue bastante más cerca, pues pasamos una deliciosa semana recorriendo Guanajuato, y este año de plano no pudimos movernos de la ciudad porque yo quemé casi todos mis días de vacaciones en cierto asunto de suma importancia, además de que ella solo podía tener un par de días libres, por cosas de trabajo.

Desde hace dos meses y medio, mi carga de trabajo ha sido simplemente brutal; con todo, me las arreglé para sacar todos los pendientes a chingadazos, mentadas de madre y con suficiente fuerza de voluntad para rifármela trabajando hasta en las madrugadas. Iba chingón hasta que, el mero día de nuestro aniversario, me pasó lo que al morro aquel de la rola de El Haragán: ya casi la iba a librar, cuando de repente setup salvaje aparece y necesita ser cargado con urgencia al portal de la app con que en la agencia gestionamos la información para los clientes. "Ni pedo, a darle", dije confiadamente mientras pensaba que sería cosa de un par de horas...que se prolongaron hasta las cinco de la tarde, ya con Hilda en casa esperando pacientemente que terminara y pudiéramos irnos, por fin, a festejar como se debía.

Cuando por fin íbamos salir de casa, se soltó el aguacero. No pude evitar un "Puta madre, ¿es una chingada broma?" y decir a Hilda que ya nos fuéramos, aunque ella no quería porque aunque el coche estaba afuera de la casa, la lluvia se puso mamoncísima. Aún así, hizo caso de mi necedad de no querer perder un segundo más y largarnos a festejar a la de ya, así que como pudimos metimos las cosas a la cajuela y patitas, ¿para qué las quiero?

Reafirmé (sí, otra vez) que si no tengo pleno control de las situaciones me vuelvo un reverendo pendejo. Con tanto trabajo, no tuve tiempo de planificar nada: ni a dónde iríamos a pasear, dónde pasaríamos la noche y mucho menos dónde cenaríamos. Es más, ¡ni siquiera había podido recoger los boletos para Manicomio de los horrores que compré un par de días antes! no conforme con hacer salir a Hilda en plena lluvia (que se quitó cinco minutos después), dejé olvidada su bolsa en la entrada de mi casa por las prisas de subirnos al coche (y tuvimos que volver por ella a la mañana siguiente), nos perdí buscando un restaurant brasileño en específico, vi otro de reojo "medio vacío, pero elegante" cuando pasamos en chinga sobre Insurgentes despuesito del Parque Hundido e hice que nos regresáramos...para descubrir que apenas estaban terminando de montar los interiores. De pura cagada di con el Rodizio, y eso porque está relativamente cerca de mi chamba.

La velada se compuso y pude cambiar el mood presionado, estresado, irritable y depresivo de todo el día por no haber podido dedicarme a mi pareja desde temprano como planeaba; cenamos delicioso, le ofrecí a ella una disculpa por mi lapso de psicosis y seguimos pasándolo genial. Al día siguiente cambié la ida al Castillo de Chapultepec y al lago a cazar Pokémon acuáticos (sí, somos fans, ¿y qué? jajaja) por una visita al Acuario Inbursa para no meternos en problemas de circulación al movernos de Chapultepec a Polanco y disfrutar Manicomio sin prisas.

Todo salió genial, tuvimos un día y medio precioso antes de que ella regresara a trabajar el viernes (porque no pudo darse a la fuga por más tiempo) y yo me quedara en casa reposando las carnes para ir a mi trabajo de los fines de semana lo más fresco posible. En este momento, justo cuando terminó mi brutal jornada sabatina-dominical y disfruto el juego de los Colts acompañado de una deliciosa caguama, pienso en que, como dije en mi post de cumpleaños, encontré a la persona con la paciencia y voluntad necesarias para lidiar con mi perfeccionismo rayano en lo patológico, mi tendencia a tener el control de toda situación o deschavetarme en el intento, o mi ritmo de vida, que se ha acelerado al doble desde hace casi tres meses.




Encontré a la persona que, más allá del amor y la lujuria (que aún están presentes, y estarán de aquí a que mi pito se haga como Cheeto mojado gracias al desgaste de tantos años) representa un descanso para mi alma, un espacio de paz, la tranquilidad de saber que aunque tenga una semana de mierda siempre voy a poder recostarme junto a ella el domingo por la noche y sentir que, después de tanto desmadre, todo va a estar bien. Quiero a esa persona en mi vida por muchos años más, hasta que sea un viejo insoportable de tan gruñón y solo ella sea capaz de no salir corriendo, quedarse a mi lado, abrazarme y hacerme olvidar todo.




Now Watching: Colts vs Texans


Saludos Enfermos.


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Miluna dijo...

Hace mucho tiempo era seguidora asidua de tu blog. Por razones sin sentido deje de seguirlo, hoy entro y me topo con esta entrada màs pinche bonita.
Y es bonito leer todo lo que pones, tu descripciòn de ti mismo que confirma lo que conoci de ti en tus entradas durante todo el tiempo que te lei y es muy bello leerte feliz.
Felicidades!! :)
Que vengan todos los años por delante y sigan juntos.

Daniel Mendez dijo...

Miluna, ¡me sonrojas! no sé por qué te habrás ido, pero qué bueno que regresaste. Y aún mejor, es agradable saber que, aún cuando pasan los años, sigo siendo el mismo en esencia. Definitivamente soy muy feliz con esta mujer, y como dije en el artículo, quiero seguir siéndolo durante muchos años más. Gracias por las felicitaciones :-)

Hilda Aleman dijo...

Hola yo tambien me sonroje y deberias leer los de tres años atras son geniales tambien,bueno todo lo que el escribe es genial

Daniel Mendez dijo...

Jejeje gracias por las porras, amor.