viernes, febrero 26, 2016

Así me fue en el Community Managers Summit 2016


Quienes ya tengan un rato leyendo este blog a lo mejor recordarán que entre mis metas para este año está una que se concretaría en febrero. Pues ¿qué creen? Ya se concretó.




En noviembre recibí por mail una invitación para participar en el Community Managers Summit 2016, llevado a cabo entre el martes y el miércoles de esta semana en el Hotel Royal Pedregal. Me encantó la idea porque tengo relativamente poca experiencia como Community Manager (algo menos de año y medio) y porque la única vez que había estado en algo así fue en el Congreso Nacional de Marketing Digital hace un par de años como espectador, así que el reto se veía realmente bueno. Nunca supe por qué me contactaron; a lo mejor alguien encontró mi perfil de LinkedIn y le pareció bueno lo que hago en The Smile Blog o igual hasta dieron conmigo gracias a este rinconcito mío en la web; lo cierto es que me emocioné mucho, y más al ver mi jetota en el website oficial de un evento de ese calibre anunciando que hablaría sobre un tema que domino: bloggear.

Después de 9 años escribiendo por mero gusto, descubriendo poco a poco las formas más eficientes de difundir lo que hago y aprendiendo un montón de cosas, pensé que me sería relativamente fácil preparar el tema, pero ¡no! Los tres meses que tuve para eso se me fueron como agua en parte por toda la información que existe y tuve que procesar, y también por todo el trabajo que he tenido, al grado de que estuve trabajando sobre mi ponencia únicamente por las noches y a ratos los fines de semana. Todavía entre el domingo pasado y el lunes estuve memorizando mi speech, y el martes por la mañana, de camimo a la sede, le di otra repasada.

Mi turno de hablar fue a las 10 de la mañana; entre que la chica que entró antes que yo lo hizo muy bien, un último vistazo a mi speech y la botella de agua que me bebí en menos de una hora pagué la novatada, porque subí al escenario nervioso y con unas ganas infames de ir a mear. Por fortuna me los sacudí rápido (los nervios) y fui desenvolviéndome sin broncas, aunque sí cometí errores como chingarme dos temas juntos en lugar de darles una pausa y enlace adecuados, lo que resultó en que toda la presentación la hice en 30 minutos en vez de la hora completa de que disponía; lo cagado es que no me di cuenta de eso hasta que mi amiga Val —quien me acompañó al evento y hasta de camarógrafa hizo— me devolvió la cámara y vi que rompí record sin querer. Dense un quemón:





Me quedó la espinita sobre si lo había hecho bien porque la interacción con el público no fue tanta como hubiera querido, pero a la hora de las preguntas y respuestas me sentí incluso más desenvuelto que durante la ponencia misma. Di respuestas a cuatro o cinco personas, agradecí la atención, desee haber aportado algún conocimiento útil y bajé del escenario en medio de los aplausos de todos, ya con el alma volviéndome al cuerpo y con urgencia de un cigarro. Hasta las pinches ganas de ir al baño se me olvidaron.

Pese a que al final me volví a poner un poco tenso porque no estaba desarrollando el tema al 100% como lo había planeado, me sentí mejor cuando tres personas se me acercaron para saludar y ahondar un poco más en algún tema. Salimos a un break y después llegó el turno de otro tipo al que se le notaba cañón la experiencia como expositor en la desenvoltura y la interacción que logró con el público, y desee haber presentado como él. Me di cuenta de cosas como que me falta mucho camino, se necesita tener los huevos bien puestos para pararse frente a un público que sabe a lo que va y mantenerse fresco como si nada, y definitivamente nunca será lo mismo hablar que escribir.

Al final, lo más valioso de todo esto fue la experiencia adquirida, el haber agregado algo chingón a mi curriculum vitae y las ganas de volver a pararme frente a una audiencia. No me queda más que agradecer a María Fernanda Montero y Olinca Guadarrama de Kätedra por la oportunidad, además de a Hilda, a mi familia y amigos por echarme tantas porras en los días previos al evento, estar al pendiente y por las felicitaciones después de. Muchas gracias a todos.






Now Playing: High road - Cults


Saludos Enfermos.


viernes, febrero 19, 2016

Manny Pacquiao y su séquito de homofóbicos


AVISO IMPORTANTE:

El autor de este artículo no es, ni por casualidad, un ejemplo de tolerancia y respeto. Suele ser bastante ojete con los reggaetoneros, los fans de la banda, los clavados con cualquier religión, los hipsters, los americanistas, los fans de los Patriots, los que les gusta Maná, los Peñabots, los vegetarianos castrosos, los Pejezombies, las buchonas/luchonas/cabronas y un chingo de perrada que tiene mierda licuada dentro del cráneo en lugar de un cerebro decente y funcional, así que antes de que le empiecen a cagar el palo admite abiertamente que es un culero. Eso sí, jamás discriminaría a nadie por su preferencia sexual, etnia, posición socioeconómica ni ningún factor inherente a la propia naturaleza del sujeto en cuestión y/o que éste no esté en condiciones de cambiar. Ahora sí, vámonos recios.

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En estos días salió una nota sobre Manny Pacquiao y su desafortunada declaración acerca de los homosexuales. Cito:


"Es de sentido común, ¿Han visto a algún animal manteniendo relaciones entre macho y macho o entre hembra y hembra? Si mantienen relaciones entre macho y macho o entre hembra y hembra, entonces son peores que animales"


A este machote se le escapó la palomita del cinturón.


Sin el menor afán de justificar al señor Pacquiao, se entiende semejante aberración si se considera de quién viene: un iletrado originario de un país con una importante influencia católica. No voy a ponerme a desmenuzar lo lamentable y patético que resulta el hecho de que una celebridad no modere sus declaraciones ni tenga la menor idea de cómo llevar sus relaciones públicas (aunque de esto culparía más a su manager que a Pacman), ni lo deleznable de sus palabras. Total, Nike ya le pasó factura retirándole su patrocinio y no dudo que en los próximos días otras empresas también le den la espalda.

Me llama la atención la reacción de cierto sector de la sociedad mexicana respecto a lo dicho por el boxeador. En específico, de los imbéciles que le aplauden y sacan a relucir la costra de caca que tienen por cerebro a través de comentarios como "Tiene razón, los seres humanos estamos creados exclusivamente para reproducirnos", "A huevo que las relaciones sexuales deben ser solo entre hombre y mujer", y hasta pendejadas del calibre de "Los homosexuales no son personas, son monstruos/aberraciones/esperpentos". Hay quienes incluso alegan que los directivos de Nike son todos homosexuales, al igual que los peces gordos de todas las trasnacionales, y quieren dominar al mundo. Dense una vuelta por los distintos foros de discusión en que se convierten los portales de noticias dentro de las redes sociales y verán de lo que hablo. Se van a divertir en serio.

Lo que no es tan divertido es la forma en que tergiversan las cosas alegando que a huevo se les quiere obligar a respetar o por lo menos tolerar a la banda gay, que Pacquiao (y por extensión, ellos) tienen derecho a expresar su opinión —sea cual sea— y todo mundo se tiene que aguantar. Lo que pasan por alto es que la libertad de expresión tiene cierto límite (o debería) y este se encuentra donde las palabras de uno perjudican la integridad emocional de otro. Nadie tiene derecho a juzgar aspectos de la vida ajena que infieren directamente en el bienestar emocional de las personas, como —en este caso— a quién eligen amar o, por lo menos, con quién eligen irse a la cama. Esa clase de pensamiento retrógrada encaja perfectamente en el perfil que tanto les gusta a la iglesia y al gobierno por lo sencillo que es de manipular: uno carente ya no digamos de educación, sino de tantita curiosidad científica y sentido común. Manny Pacquiao y quienes apoyaron su declaración dicen que "los animales solo se aparean macho con hembra" con tal seguridad que me hacen pensar en lo peligroso de que sus ideas lleguen a mentes vírgenes, las contaminen con su misma cerrazón y les impidan notar cosas tan básicas como que hay muchas otras especies animales para las que es muy normal la homosexualidad.




Obviamente, Manny Pacquiao y su séquito de fans descerebrados no tienen la culpa —al menos no directamente— de ser unos pendejazos. A todos se nos implanta, desde pequeños, la idea de la familia compuesta por mamá, papá e hijos (y hay quien remata con que entre más hijos, más amor hay en el hogar). El catolicismo, el cristianismo y todas sus demás variantes detestan todo lo que se salga de ese molde etiquetándolo de anti natura y condenan a todo aquel que no encaje con lo establecido a arder entre las llamas del infierno por los siglos de los siglos amén. La misma Biblia, a través de ejemplos como la destrucción de Sodoma y Gomorra, parece un manual dirigido a sus más devotos fans para enseñarles cómo vejar a los homosexuales tanto psicológica como físicamente. Puede parecer una exageración, pero si no me creen, revisen la cantidad de crímenes que se cometen a diario en todo el mundo solo porque un tipo metió su pito en el culo de otro o porque a dos chicas se les antojó hacer unas ricas tijeritas y a algún buen cristiano no le pareció; y es que así funciona el famoso libre albedrío cristiano: haz lo que quieras, pero si no me parece te rompo la madre.

Si al lastre religioso le agregamos detallitos como que Pacquiao es aspirante a ocupar un lugar en el senado filipino o que la coordinadora de diputados en Tabasco por parte de MORENA, Candelaria Pérez Jiménez, declaró que desearía que los gay no existieran pero ya que eso no se puede de todos modos va a respetar sus garantías individuales, es evidente que el panorama ideológico de la política luce jodidísimo. Lo ideal sería que gentuza de esta calaña no tuviera siquiera la oportunidad de asomarse a las esferas de poder, pero para eso se necesita cambiar la mentalidad de quienes les ponen en el pedestal.

Respetar lo que cada quién lleva a su boca o área genital sería un buen comienzo. Parafraseando a los charolastras de Y tu mamá también, creo que cada quién puede hacer de su culo un papalote y nadie debería incomodarse por eso. A esa pinche gente que se la pasa agrediendo a la banda gay primero hay que aislarla, no hacerle caso, dejarla hablando solita como pendeja para que se dé cuenta por sí misma de que la está cagando durísimo. Si insiste se le pueden exponer argumentos objetivos para que los considere y si cambia de idea qué mejor, pero tampoco se le puede obligar; con que aprenda a cerrar la boca cuando debe para no joder a los demás sería suficiente. Si de todos modos reincide entonces sí, unos chingazos para que se aliviane y lo piense mejor la próxima vez. ¿Se imaginan lo humillante que sería para alguien así el hecho de que un gay le parta la madre?






Saludos Enfermos.


jueves, febrero 11, 2016

¿La última bala del Sheriff?


Esta es una imagen que jamás olvidaré:




Después de nueve años volví a ver coronarse como campeón a Peyton Manning; muchas cosas tuvieron que suceder para que lo lograra y de cada una hemos hablado sus fans, los medios especializados, sus haters, toda la gente que juraba que estaba acabado después de la estrepitosa derrota ante los Seahawks hace un par de años. Incluso yo llegué a pensar que era mejor que se retirara mientras aún quedaran vestigios de su grandeza y antes de echar a perder su legado en esa desesperada carrera por alcanzar a su hermano Eli en cuanto a Superbowls ganados. Hoy agradezco que no lo hiciera y que se haya mantenido en el emparrillado un poco más.






El chico que salió de los Tennessee Volunteers siendo la primera selección global en el draft del ya lejano 1998 volvió a colocar en el mapa a los Colts y nos hizo soñar a todos con un trofeo Vince Lombardi que llegó nueve años después de su debut tras haberles visto caer una y otra vez en playoffs; de esas veces, una de las más dolorosas fue el playoff divisional (igualito que cuando Jim Harbaugh, el Capitán Regreso, solo que lo de él fue en final de conferencia) ante los Steelers en 2005, en que el último minuto los mató y me hizo llorar como lloramos los hombres: sin aspavientos, con los labios apretados y las lágrimas cayendo sobre mi jersey azul.







A la temporada siguiente las lágrimas cambiaron de sabor y pude ver, por fin, al gran Peyton llevándose su primer campeonato y la distinción como MVP:






Tiempo después lo vi levantarse de esto, aunque después tuviera que pasar un año lejos del emparrillado y todos los fans tuviéramos que aguantar el pésimo trabajo de Curtis Painter:






Lo vi lucir, después de ese año, la huella más profunda que le ha dejado la batalla:





Lo vi irse de Indy con la voz quebrada porque el tope salarial ya no daba para pagarle, y los Colts debían buscar el futuro en Andrew Luck:






Lo vi llegar a Denver para retomar ritmo y continuar mostrando su grandeza:






Lo vi regresar a Indianapolis vistiendo otro uniforme y ser recibido con todo el cariño de los fans que lo extrañan tanto desde entonces. ¿Cuántos QBs pueden presumir de haber regresado a su antigua casa y ser vitoreados en lugar de abucheados?






Sin embargo, no todo ha sido miel sobre hojuelas para Peyton Manning. También lo vi caer en el playoff divisional ante esos mismos Colts, y aunque dolió, estuvo bien ver que el equipo que tanto le debe no se tienta el corazón a la hora de hacerle ver su suerte:






Vi la monumental putiza que le dieron los Seahawks en el Superbowl XLVIII a la mejor ofensiva no solo de la liga, sino en la historia de la NFL (estadísticamente hablando, para que tampoco se me alboroten los fans de otros equipos):






Sin embargo, la fuerza le alcanzó para romper el record de más pases de touchdown de por vida:






Y hace unos meses, también el de más yardas por pase de por vida...






Tristemente, ese mismo día lo sentaron por la cantidad de intercepciones que sufrió y dio paso a Brock Osweiler, quien lo hizo bastante bien quitándole el invicto a los Pats y ganando un par de juegos clave para poner a Denver en camino al Superbowl. Aún así, dolió ver algo tan inusual como un Peyton Manning banqueado, y las dudas sobre su futuro no se hacían esperar. Que si ya había llegado el momento de Brock, que si Peyton ya estaba acabado y eso era más que evidente. Sin embargo, regresó por sus fueros en el último juego de temporada regular para dar la puntilla a los Chargers, mandar a los Chiefs a la ronda de Wildcard y robar a los Pats el seed 1 de la AFC.

El resto, lo que sucedió en playoffs, ya todos lo sabemos. Muchos sesudos analistas y expertos descartaban la idea de que los Broncos llegaran al gran domingo y hasta hubo quien aseguró que el equipo había renunciado totalmente a sus aspiraciones de campeón al designar a Peyton Manning como titular. Vamos, todo mundo daba como favoritos primero a los Steelers en el playoff divisional, luego a los Pats en la final de conferencia y después a los Panthers En el Superbowl. Nadie contaba con que la defensiva equina iba no solo a aguantar, sino a lucir aplastante y darle a Peyton Manning un merecidísimo segundo campeonato.

El apellido Manning es un arma de dos filos. Por un lado está el renombre y prestigio de una familia entregada totalmente al football; por el otro lado, está el hecho de que con todos sus logros a lo largo de 18 años en la NFL, Peyton puso los estándares muy arriba para todos, incluso para él mismo. Después del domingo se soltó la andanada de críticas y especulaciones: quizá se trataba de un juego arreglado para retirar a la estrella con un campeonato (como se dijo también, en su tiempo, de Jerome Bettis o Ray Lewis), el equipo tuvo que cargar con Peyton Manning, Peyton Manning consumió hormonas de crecimiento humano (aunque al poco tiempo de haber soltado ese rumor, Al Jazeera se retractó), el partido estuvo de hueva, y un montón de cosas por el estilo. A esa gente se le olvida que este hombre se las ha ingeniado para sobrevivir durante 18 años dentro de una liga terriblemente competitiva gracias no solo a sus habilidades físicas, mermadas a más no poder, sino también por las cualidades mentales que le convirtieron en el alma del equipo tanto en Colts como en Broncos.







Yo no pretendo entrar en la polémica sobre si es el mejor QB de la historia o si es mejor (o no) que Tom Brady. Mucho menos me dan ganas de intentar imponer a otros mi punto de vista, porque sería una pendejada de mi parte decirle a un fan de los 49ers de los 80's o a un Steeler de los 70's que Peyton Manning es mejor que Joe Montana o Terry Bradshaw. Sencillamente, para mi él es el mejor porque tuve la fortuna de enamorarme de este deporte en la misma época que él llegó, de verlo jugar durante todo este tiempo, de emocionarme cada vez que lo vi entrar al emparrillado, de llorar con sus derrotas y celebrar sus victorias. El domingo se me hicieron agua los ojos cuando vi que la conversión de dos puntos sería una jugada de pase; a pesar de que ya no tuvo la potencia necesaria en el brazo para lanzar un touchdown durante todo el partido, había que dejar al Sheriff una última bala en el revólver. La conversión se había logrado y mi voz se quebró ligeramente cuando le dije a Hilda: "Parece que ese fue el último, amor".

Cuando levantó el Vince Lombardi no pude evitar sentir, más que alegría, mucho alivio y nostalgia, porque más que ganarle a los Panthers, le ganó el último juego al tiempo; quizá sea cierto que este fue su último rodeo —en sus propias palabras dirigidas a Bill Belichick al término del AFC Championship— y que el domingo escuchamos su último "Omaha!", como mencionó Fernando Von Rossum. El hecho es que aunque ya no puede hacer las mismas maravillas de hace seis o siete años, aunque el sistema ofensivo de Gary Kubiak le quitó un montón de responsabilidad en ejecución y aunque la defensiva haya cargado con el equipo durante casi toda la temporada (que para eso estaba diseñada, a final de cuentas), Peyton Manning merece todo el homenaje que recibe de parte no solo de sus compañeros de equipo o de sus fans, sino hasta de quienes tuvieron la fortuna de enfrentarse a él dentro del campo.






Aún no se sabe si se retirará después de haber ganado su segundo Superbowl, pero creo que si hay un momento perfecto para hacerlo, es este. No tiene nada más que demostrar, ni a sí mismo ni a los demás. Un par de días antes del Superbowl me salió esta rola en el playlist y no pude evitar pensar que quizá era una señal de lo que sucedería el 7 de febrero:






Aún con todos sus records, todo el legado que construyó durante 18 años, lo más valioso que puedo decir de Peyton Manning es que —sin él saberlo— me enseñó a ser constante, a buscar la perfección aún a sabiendas de que esta jamás llega, a levantarme de cada caída por dura que haya sido o por lastimado que me dejara; a nunca bajar los brazos, a seguir peleando aún cuando el cuerpo ya no tenga fuerzas y entonces el espíritu deba salir a plantar cara.






Saludos Enfermos.


sábado, febrero 06, 2016

Taco Naco es todo, menos naco


Esta mañana Hilda y yo fuimos a almorzar al Taco Naco Condesa. Ya había visto el lugar un par de veces durante la semana y me llamó la atención, así que mientras regresábamos a casa lo vi de nuevo y repentinamente y le dije "Ven, ya sé qué vamos a almorzar".




Nos sentamos en una de las peculiares mesitas que tienen sobre la acera de Iztaccihuatl; cada una de estas es un barril enorme pintado de negro acompañado de periqueras metálicas un tanto incómodas, así que que para acercarse al plato y comer a gusto es necesario abrir las piernas alrededor del barril. Con todo, esto es pasable por alto en comparación con otro detalle, que fue el que me desencantó totalmente del lugar: pedí una cerveza y me llevaron la presentación en lata, lo que trato de evitar siempre porque después de un rato la lata, además de no permitir que la chela libere su aroma y sabor correctamente, calienta el líquido y así ya no se disfruta. Entonces pedí un vaso y el mesero me llevó uno...de plástico, de esos desechables que usas en la peda de la prepa y que después de un rato también calientan la chela, dándole en toditita la madre. Le pregunté si tenía uno de vidrio y me dijo que no, así que ni pedo, tuve que beber mi cerveza así.

Por último: los tacos en sí mismos no son la octava maravilla, y de las salsas, picosas nivel catsup, ni hablar. Sí estuvieron cumplidores a la hora de matar el hambre, pero definitivamente no son rivales para titanes de la talla del Chupacabras, los que están sobre Eje Central saliendo del Metro San Juan de Letrán (cuyo pastor no tiene comparación), la Taquería Lupita de Cuautitlan o incluso los de afuera del Metro Oceanía, acompañados de su furiosa y deliciosa salsa roja. Un buen taco es tradicional, proletario, ¡naco de verdad! no "naco" estilo Condesa, donde un platillo tan típico es reducido a su mínima expresión, adaptado al perfil del consumidor que usualmente se mueve por ahí y aderezado una relación inversamente proporcional entre calidad y costo. Ya lo dijo Botellita de Jerez: Naco es chido, y estos tacos "nacos", aún a pesar del engagement que pretende generar su community manager a través de una imagen pseudo-ñera en redes sociales, definitivamente no cumplen la premisa.






Saludos Enfermos.


miércoles, febrero 03, 2016

Diez mujeres que despiertan a mi animal interior




Dicen que febrero es el mes del amor y la amistad, aunque yo le agregaría el mes del erotismo, la cachondería y los niños que nacen en noviembre, aunque no todos tenemos la dicha de contar con una pareja con quién compartir sentimientos e ir a hacer la cucharita con este condenado frío; de hecho, hasta hace poco más de dos años me conformaba con despeinar la cotorra cada que tenía suerte, y el resto del tiempo lo pasaba haciendo manualidades para distraerme, sobre todo en las noches frías y solitarias, snif.

Afortunadamente, buena parte de esas noches tenía compañía porque...ya saben, la felicidad nace desde la mente de uno mismo, o algo así. Por eso les traigo el Top10 de mujeres famosas que ayudaron —involuntariamente— a que el día de hoy yo tenga un par de antebrazos sanos y fuertotes, además de un callo en la base del dedo medio de la mano derecha. No hay un orden de preferencia, a las diez les hice las mismas cositas ricas y perversas, a todas les hice un chamaco y les di chance de sacarme de pobre, porque soñar no genera impuestos (todavía). Ellas son:


Marisa Tomei


Siempre he creído que su belleza es incomparable, y la futura tía de Spiderman no hace más que reforzarme el...argumento.


Elizabeth Hurley


Seguro recuerdan a esta deliciosa madurita en aquella peli Al diablo con el diablo; si la vieron en todas esas facetas —cada una más sexy que la anterior— seguro coincidirán en esto conmigo: Hugh Grant es el pendejo más grande en la historia de la Humanidad.


Brody Dalle


Con esos ojos y esos labios, es la mujer que siempre debería dominarme con la mirada mientras hace travesuras por abajo de mi ombligo, aunque a veces se peine medio de la mierda, pero ¡qué cuerpazo, qué actitud, qué look!


Monica Bellucci


Absolutamente, un portento italiano. Sé que hay un chingo y dos montones de referencias para adorarla, pero yo le dediqué sus primeras manuelas después de verla en Shoot'em up. Simplemente, no tiene una sola escena desperdiciada.


Martha Higareda


Porque en México también tenemos por qué sentirnos orgullosos. Pese a que prácticamente en todas sus películas sale enseñando carne, nunca olvidaré aquella memorable escena de Amar te duele que hizo valer todo ese bodrio de película. Además, Marthita tiene un combo fatal de mirada y sonrisa capaz de derretirle el Bon Ice a cualquiera.


Emma Stone


Ella es una de las poquísimas rubias que me alborotan la hormona, aunque mi look favorito de ella es con cabello castaño, como cuando hizo Zombieland; ese tono enmarca perfectamente su carita de tierna pervertida.


Kate Beckinsale


Se vio hermosa en Pearl Harbour e increíblemente sexy en Underworld, pero definitivamente me quedo con su versión en Van Helsing o de perdido en Click. Fue la combinación perfecta entre cuerpazo, uno de los rostros más bellos del cine y el cabello ligeramente rizado que invita a tomarlo fuertemente mientras uno hace ciertas cosas.


Lily Allen


Su piel acanelada es increíble, pero lo que la colocó en esta lista es que con esa carita de "No rompo un plato" resulta imposible creer que le hayan expulsado de la escuela por darle wawis a un compañerito. Golosa.


Halle Berry


Solo diré que Catwoman nunca debió filmarse, pero mataría por tener a esta morenaza en mi cama con ese disfraz puesto.


Lily Rabe


La otra rubia que me encanta. Si vieron la segunda temporada de American Horror Story y no tuvieron una erección (o se les mojó la pantufla, ¿quién sabe?) cuando a esta cándida monjita se le metió el diablo, juraría que les corre atole por las venas.


Mención honorífica: Zooey Deschanel


Es bellísima y compensa de sobra la falta de curvas con esa carita de ángel, pero lo que en verdad me excita de ella es la idea de darle duro y fuerte hasta que se le quite lo fresa y convertirla en alguien como Angela Gossow.


¿Qué opinan del top, damas y caballeros? ¿sobra alguien? ¿falta alguien? Compartan sus listas en los comments de este post y veamos cuántas veces resultamos hermanitos de leche.

Así las cosas, no queda más que desearles un feliz y húmedo febrero. Que los antojos se cumplan, los quereres den su nalguita a torcer y, si no les toca alguien como en sus fantasías, por lo menos sea alguien que les de una muy buena zarandeada.




Now Playing: Infra-red - Placebo


Saludos Enfermos.