martes, junio 28, 2016

Museo Iconográfico del Quijote @Guanajuato


En agosto del año pasado, Hilda y yo tuvimos nuestro segundo viaje de aniversario; pese a que cumplimos en octubre, lo adelantamos un par de meses por un tema de autorización de vacaciones en su trabajo y disfrutamos a lo grande una semana completa lejos de la monotonía en un lugar al que le traía ganas desde hace mucho tiempo: la sinuosa ciudad de Guanajuato.

Como es lógico, a 10 meses de aquel paseo tengo revueltos en la memoria (y en el disco duro de mi compu) un montón de audios, videos y fotografías de todo lo que conocimos por allá; la carga de trabajo hizo de las suyas nuevamente cuando regresamos a la Cedemequis y tuve poco tiempo para ir acomodando todo eso hasta ahora, que he dedicado un poco más de tiempo a poner los recuerdos en cada lugar al que corresponden, aunque el orden en que recorrimos los rincones de esa hermosa ciudad todavía se me escapa. Sé que si me espero a decidir qué lugar visitamos primero y establecer un orden hasta llegar al último se me va a ir la onda y terminaré por publicar hasta el otro año (si no es que los recuerdos terminan por diluirse), así que mejor empiezo de una vez y les platico sobre un lugar del que ya seleccioné las fotos que más me gustaron y están listas para ser presumidas.

Guanajuato tiene una cantidad sin igual de eventos y lugares que no se pueden encontrar en ningún otro lugar de nuestro país. Decidirme por uno para comenzar fue bastante difícil hasta que recordé este, que está muy relacionado con lo que brinda a la ciudad su mayor distinción y prestigio a nivel internacional: el Festival Cervantino. Pese a que la visitamos un par de meses antes de que se llevara a cabo, la magia del Manco de Lepanto se siente durante todo el año, sobre todo en cierta casona que durante el siglo XVII fue conocida como la Hacienda de Los Rodríguez y tiempo después acogió entre sus muros no solo a gobernadores, sino al mismísimo Maximiliano de Habsburgo. Su último dueño fue el español Eulalio Ferrer, quien la donó, junto con todo su exquisito contenido artístico, para ser convertida en la morada definitiva del más célebre manchego.





Contrario a que entre sus motes se encuentra "El caballero de la triste figura", las obras de arte expuestas en este recinto muestran al que quizá sea el personaje más representativo de la literatura en español tan lleno de tanta vida y matices como visitantes puede tener en un solo día. Cada uno de los artistas que trabajaron con su semblante captó solo una pequeña parte de su personalidad, cada combinación de colores me invita a querer recorrer junto a él y Sancho Panza sus aventuras desempolvando aquellos fragmentos que leí en la primaria (más a huevo que de ganas, si he de ser honesto) y que prácticamente no recuerdo, salvo por el clásico de la batalla contra los molinos de viento y uno donde a Sancho lo convierten en gobernador de una ínsula.

¿Qué mejor que esto, para satisfacer esa necesidad?




Esta chulada es, ni más ni menos, que la edición especial de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha que venden en la tienda del museo. Creo que ya había una copia en casa, pero ¿cómo podía estar por allá y desaprovechar la oportunidad de traerme semejante souvenir? ya tengo un buen de ganas de terminar lo que estoy leyendo ahorita, montar en Rocinante y devorar todo el libro. Por si se les antoja, que espero así sea, aquí hay una copia digital para que le entren con ganas y no sean como toda esa perrada que asegura que la frase "Ladran, Sancho, señal de que cabalgamos" realmente fue escrita por Miguel de Cervantes Saavedra.




Hablando de antojos, les dejo también una pequeña galería de fotos que tomé de los Quijotes que más me gustaron. Ojalá se den una escapada al granero del Bajío y visiten no solo este, sino los demás lugares geniales que estaré compartiendo en los próximos artículos. Mientras tanto, ¡tengan excelente martes!






Saludos Enfermos.




domingo, junio 19, 2016

Original/Cover 054: Frankie Valli





¡Ah, el enamoramiento! que, cabe aclarar, no es igual que el amor. Es esa breve pero intensa etapa en que el corazón late como burro sin mecate, las mariposas llenan el estómago, las erecciones (o mojadas de pantufla, según sea el caso) están a la orden del día y las pupilas se dilatan, justo como cuando estamos enfermos o drogados...que para efectos prácticos, es lo mismo.


Anda, dame un besito, ¿sí?


Quizá sea por eso que Frankie Valli cantaba que no podía dejar de mirar a esa chica especial. Es lo mismo que nos sucede a todos cuando un nuevo objeto de deseo irrumpe en nuestras vidas llenándonos de perfección, estética, belleza; quisiéramos estar siempre junto a esa persona, disfrutarla con todos nuestros sentidos e incluso devorarla con la mirada desde las puntas de los cabellos hasta el último rincón de su anatomía, para llegar a casa y recrearnos con tan bella perspectiva (probablemente mientras nos manoseamos). Eso es algo tan inherente a nuestra naturaleza que la rolita escrita por Bob Crewe y Bob Gaudio e interpretada por Valli nunca pasó de moda, ni pasará, gracias a que muchos otros intérpretes la han sumado a su repertorio, dándole un toque personal y convirtiendo cada una de esas versiones en la adaptación de un sentimiento universal al gusto musical de cualquiera. Chequen los covers tan chulos que encontré y seleccioné:







Boys Town Gang






























¿Qué tal, les gustaron? cuéntenme en los comments cuál fue su favorito, si piensan que faltó alguno, o qué otras rolas les gustaría que incluyera en esta, su poco constante pero siempre enjundiosa sección Original/Cover. ¡Nos seguimos leyendo!


UPDATE: Una lectora ya sugirió otro covercito que pasé totalmente por alto y la verdad, no desmerece. Con ustedes, damas y caballeros, The Joker cantando justo antes de volar en pedacitos un campo de football (bueno, eso no sucede en realidad, pero me hubiera encantado):







Saludos Enfermos.


domingo, junio 12, 2016

El diablo interior


— Sí, él nos creó a todos con un propósito, ¿no es cierto? una razón para existir.

— Yo creo eso, sí.

— ¿Y por qué puso al diablo en mi interior? ¿Por qué lo siento en el corazón y en el alma, intentando salir a zarpazos, si no es parte del plan de Dios?

— Quizá se te pida que convoques a los mejores ángeles de tu naturaleza. Quizá ese sea el conflicto que sientes en tu interior.

— ¿Y cómo sabe si los ángeles y el diablo en mi interior no son lo mismo?

— No lo sé, pero la gente corre a la iglesia cuando piensa que el diablo le pisa los talones. Quizá ese haya sido siempre el plan de Dios, la razón por la cual lo creó y permitió que cayera en desgracia: para que fuera un símbolo temible, una advertencia para todos, para marcarle la senda a los justos.







Marvel's Daredevil, temporada 1, capítulo 11: El camino del hombre justo.






Saludos Enfermos.


domingo, junio 05, 2016

Nueve años de vida y un breve vistazo al pasado


El viernes fue día bonito y especial: se cumplieron nueve añotes desde que abrí este espacio en la red. El agradecimiento a todos los que pasan por acá y le dedican unos minutos a las cosas que escribo está implícito en que, sencillamente, sigo escribiendo, así que una vez más evitaré caer en el cliché de dedicar unas palabras a mis queridos pocos lectores y mejor les comparto el regalo de cumpleaños que le hago a El Pensador Mexicano, que tras tantas vueltas al Sol se ha convertido no solo en una parte de mi vida, sino en una extensión mía.

Como saben, mi blog toma su nombre de la colonia donde vivo; al principio me parecía un tanto pretencioso referirme a mi mismo como "El Pensador Mexicano" y de hecho pensé en usar algún otro nombre pero de repente me dio hueva y así se quedó. Una noche, navegando en Internet mientras buscaba no recuerdo qué cosa, encontré la biografía del señor José Joaquín Fernández de Lizardi, un escritor que se consolidó a principios del siglo XIX ni más ni menos que como el iniciador de la novela en América. Me puse a hacer la tarea y entre otras cosas descubrí que gracias a su pensamiento liberal, las novelas que escribió tenían un tono satírico para con la sociedad de su época y que además de estas piezas literarias (de las que, confieso, solo he leído un pequeño compendio de 200 páginas que encontré en el librero de mi papá, además de Vida y hechos del famoso caballero Don Catrín de la Fachenda cuando estaba en primaria, pero muero de ganas de leerlas completas) tuvo un semanario que publicó de 1812 a 1814 al que llamó...¿adivinan? El Pensador Mexicano.


Guiñando el ojito pa'l Face


Como al señor a veces se le pasaba un poquito el tono de las publicaciones, eventualmente tenía algún problema con las autoridades de la Nueva España e incluso llegó a dar con sus huesos en la cárcel, por manchadito y revoltoso; una de las frases que leí en la reseña de sus obras, mejor reflejan su ideología y me hizo mucho eco dice:

"A mi no me apasiona sino la verdad y la justicia, y fuera de esto yo no tengo amigos, deudos ni paisanos. Contra mi padre he de declamar, si mi padre está poseído de los vicios"

Bajo esta premisa, llegó a ser tan incisivo que el virreinato le obligó a suspender la publicación de El Pensador Mexicano tras dos años de impresiones semanales mediante un decreto que violaba claramente la libertad de prensa. In memoriam, decidió adoptar el nombre de su periódico como seudónimo y con él pasó a la historia, de la mano de El periquillo sarniento, La Quijotita y su prima, Noches tristes y día alegre, Vida y hechos del famoso caballero Don Catrín de la Fachenda y El triste de Altamirano.

Ya con la conciencia de quién era el personaje al que sin querer le usurpé el nombre, dejé de lado el tema nuevamente hasta que, durante el fin de semana que pasamos Hilda y yo hace tiempo en Tepotzotlan (del que les hablé aquí) supe que el señor Fernández de Lizardi había vivido en ese pueblito desde la infancia temprana y hasta que se mudó a la Cedemequis para estudiar en el Colegio de San Ildefonso. Aquella vez se me pasó totalmente el dato, como que nada mas lo anoté por encimita, pero hace unas semanas lo recordé y ¿por qué no? Volvimos para conocer un poco más a fondo la casa del célebre escritor.




El tiempo no pasa en vano; la encontramos a unos cuantos pasos del Museo del Virreinato convertida en Plaza Tepotzotlan, un pequeño centro comercial semidesierto cuya mayor atracción son los restaurantes y cafeterías que pueblan la planta baja. El dueño de Restaurante Jimador, Tony Pineda, me platicó que aunque ha recibido varias remodelaciones con el paso de los años, todavía conserva buena parte de su estructura original y que incluso donde ahora se encuentra la cocina de este restaurant, antes estaban las imprentas que El Pensador Mexicano utilizaba para dar cuerpo a sus obras. Más allá algunas dependencias gubernamentales, una estética para mascotas, una ferretería y hasta un estudio tattoo habitan algunos de los locales, mientras otros pocos están desocupados; un par de barecitos atraen a los chicos del pueblo, quienes junto a las familias que asisten a convivir y degustar algún platillo para alegrarse el domingo llenan de vida nuevamente a un inmueble que vio nacer tantas ideas de esas que todavía necesita este país.


Aquí es donde ocurría la magia.


No vendré con un choro del estilo "Sentí el espíritu del México libre entre sus muros", "Casi pude ver cómo era la vida de ese entonces entre sus muros y pasillos" o "Mi alma liberal percibió el olor de la tinta y ésta me llegó al corazón". No, la verdad es que aunque me gustó estar ahí y ver que se encuentra bien cuidado, amaría que alguna iniciativa municipal, federal o privada se hiciera cargo de inmueble para darle justo tributo a la vida y obra de un personaje de nuestra historia tan valioso como el que más, y que a mi me ha dado, sin querer, la inspiración para por lo menos tratar de seguir su camino. Yo no soy escritor, soy un tipo que escribe cosas en una página web (es muy distinto); no he vivido una situación tan dura como las que vivió él, vamos, ¡ni siquiera he tenido un problema con la autoridad por las cosas que escribo! la única coincidencia, además del nombre entre su periódico y mi minúsculo rincón dentro de la web, es que compartimos un amor por la libertad (con algunos matices entre su pensamiento, estilo y enfoque, y los míos) que espero pueda trascender, quizá dentro de muchos años, cuando algún despistado descubra este blog y se enganche con lo que lea en él.


El resto de la galería, aquí.


Llevo apenas nueve años construyendo esto paso a paso, a veces con mucha menos constancia de la que yo quisiera, al punto en que mis publicaciones pasaron de ser casi diarias al inicio, a una por semana actualmente. Sin embargo, haber estado allá, sabiendo quién habitó esa casa, me dio nuevos bríos. Quizá dentro de poco se ponga un poco más complicada mi vida virtual, pero este noveno aniversario me dejó con las pilas más recargadas y me dio nuevas ganas de continuar y saber hasta dónde puedo llegar con El Pensador Mexicano.


Feliz cumpleaños, blogcito mío, ¡y que vengan muchos más!






Saludos Enfermos.