sábado, octubre 29, 2016

Power songs: mi soundtrack energético @Spotify


Pues nada, que llevo ya tres meses en santa e imparable putiza. Cada pinche lunes y sábado me levanto pensando si tener dos trabajos vale la pena, con todo lo que implica trabajar siete días a la semana sin siquiera poder disfrutar un día festivo, esperar ansiosamente que empiece el 2017 para tener derecho a vacaciones en la chamba de entre semana, sacrificar tiempo de pareja con Hilda, quien agarra super bien el pedo, y de verdad, ¡cómo agradezco eso! o con mi familia, ahora que ya me había acostumbrado a convivir más con ellos y a disfrutar esos momentos.

Comencé a venderme nuevamente y cada día la idea que tanto me costó abandonar hace un tiempo, esa que todas las mañanas retumbaba en mi mente con un "Eres una maldita máquina de producir, ¡dale duro!". La retomo porque, pese a que luego me dan ganas de tirar la toalla, quedarme acostado en mi cama en posición fetal y ponerme a llorar, me acuerdo de lo que me está moviendo a hacer esto y ni pedo, hay que joderse para ganarle.




Otra cosa que siempre me da para arriba es la buena música. Sin falta, cada día amanezco desesperado por algo que me active, me quite el pinche ardor de ojos y me inyecte suficiente energía para atacar cada día como si mi cabello estuviera en llamas. Por eso, queridos lectores, si ustedes sienten que se los carga la chingada por la desesperación, que se están deprimiendo, que no vale la pena siquiera salir de la cama o simplemente que ya no tienen idea de qué están haciendo y por qué, ¡paren de sufrir! agarren cualquiera de las siguientes rolas, pónganla a todo volumen en cuanto despierten y verán qué pinche bonito les pinta la vida:























Este Top10 fue una probadita; si quieren más (y aprovechando que por fin me dejé seducir por Spotify), echen un vistazo a la playlist que acabo de armar y estaré alimentando cada que me encuentre con una canción lo suficientemente especial para encenderme los motores, a la que mamonamente he llamado Power Songs. Si les laten las rolitas, compártanlas, y ¿por qué no? dejen sus sugerencias aquí, en los comments del post.

¡Excelente día a todos! y a seguir rockeando, que termino un pendiente y me salen tres más, pero traigo con qué hacerles frente...a ellos y a la gente mierda que abrió el hocico esta semana sin saber cómo trabajo, y a la que le di una pinche patadota en la dona, precisamente, con mi forma de trabajar. A esas personitas les tengo un sincero, cálido y afectuoso mensaje:

Me la pelan a dos manos y con la cabeza volando, culeros.

Con esos alicientes y estas chingonerías musicales...¿cómo no me voy a motivar?




Now Playing: Chivas vs Cruz Azul


Saludos Enfermos.


viernes, octubre 28, 2016

Un Clásico de media semana, dos grandes amigos y una increíble victoria


Antier fui a mi primer Clásico inventado por Televisa Nacional con unos compas de la oficina. Aunque el plan fue emergente porque la semifinal de la Copa MX nos agarró en fin de quincena, nos organizamos para comprar los boletos y que sobraran algunos pesos para las chelas en el estadio.




Siempre fui renuente a ir a un América contra Chivas en el Estadio Azteca; tenía la impresión de que sería como caminar por Tepito con un billete de a 500 pegado en las nalgas, así que siempre lo evité. Sin embargo, mi nivel actual de stress es tal que cuando se armó, no dudé en apuntarme. Originalmente iríamos cinco, pero por X o Y situación terminamos yendo solamente un americanista y dos Chivas: Iván, por el lado de los Brayans y las Quimberlis, y Memo y yo, con un gusto futbolístico bastante más refinado.

Memo y yo llevábamos nuestros jerseys rojiblancos en la mochila para usarlos saliendo de la oficina, pero cuando supimos que solo íbamos tres y además en el estadio estaríamos relativamente cerca de la porra americanista, decidimos que mejor pasábamos como incógnitos. Luego nos arrepentimos porque pese a que creímos que podría haber algún problema con los americanistas en el camino o dentro del estadio, la verdad es que todo estuvo super tranquilo. Me dio mucho gusto ver desde el Tren Ligero a familias completas formadas por fans de los dos equipos, algunas parejas con bebés, novios sin hijos, grupos de amigos como el nuestro y que la banda, en general, se comporta decentemente dentro y fuera del estadio (quizá, en buena medida, por el imponente operativo que implementó la Secretaría de Seguridad Pública para este juego). Claro que nunca faltan los pendejos como el güey de Chivas que empezó a mentarle la madre a la afición americanista desde antes de que los jugadores salieran a calentar siquiera para que luego alguien fuera a bajarlo de huevos, o los americanistas que le robaron una bandera rojiblanca a otro aficionado para prenderle fuego, o los subnormales que armaron la campal unas cuantas gradas debajo de donde nosotros estábamos y a los que todos  los demás aficionados calmamos a base de "¡Ya, pinches borrachos!", "¡No estén de putos!" y otras delicias diplomáticas. Pero, afortunadamente, somos más quienes sabemos comportarnos de forma civilizada.


Muy propios los señoritos antes del juego, con todo y mi disfraz de Matías Almeyda


Ir a un estadio de fútbol es una experiencia que todos deberíamos vivir por lo menos una vez en la vida. Emociona estar ahí, ver a los jugadores saltar a la cancha y sentir el ambiente que la gente va armando poco a poco. Impresiona ver a la porra apoyando con tambores y banderas a su equipo (aunque sea el odiado rival), la energía fluye y se contagia, dejas de ser uno para convertirte en parte de un monstruo de miles de cabezas que grita "¡Chivas!" o "¡Águilas!", según sea el caso. También es justo señalar que todos nos transformamos y sacamos el ñero que llevamos dentro; en algún punto Iván dijo: "Perdón cabrones, pero aquí sí se me va a salir el código postal", ¡y efectivamente! los ratos que no estaba cantando las porras del América los pasó mentándosela a los jugadores de Chivas a gritos y chiflidos. A Memo, quien de ordinario es bastante tímido y sobrio, lo vi levantarse un chingo de veces para insultar al árbitro y animar a las Chivas a pesar de estar rodeado de aficionados americanistas. Hasta yo, que iba bastante cauteloso, me prendí cabroncísimo cuando cayó el empate y ahora estoy afónico por haberle gritado en la cara a Iván cada uno de los penalties que le dieron a Chivas el pase a la final.


¿Cuál pinche glamour? ¡Victoria de Chivas en Brayanland!


Vivir mi primer juego contra el América en su casa, que las Chivas ganaran en penales, ganar un par de apuestas y disfrutarlo con dos de mis mejores amigos (que también estuvieron en su primer Clásico) fue algo muy chingón, y creo que me podría acostumbrar a eso. Para el próximo sí llevo mi jersey.

P.D. : El golazo de Alan Pulido no fue fuera de lugar. Y si sí, pues se compensa con el penalty que voló para reavivar temporalmente las esperanzas azulcremas, jo jo jo.







Now Playing: Queens of the Stone Age - First it giveth


Saludos Enfermos.


domingo, octubre 16, 2016

Tengo ganas de extender la tabla del tres hasta el infinito


Esta semana cumplimos tres años de novios Hilda y yo; sin embargo, el festejo no sería como en los dos doces de octubre anteriores. La primera vez nos fuimos a Huatulco y Zipolite; el año pasado el festejo fue bastante más cerca, pues pasamos una deliciosa semana recorriendo Guanajuato, y este año de plano no pudimos movernos de la ciudad porque yo quemé casi todos mis días de vacaciones en cierto asunto de suma importancia, además de que ella solo podía tener un par de días libres, por cosas de trabajo.

Desde hace dos meses y medio, mi carga de trabajo ha sido simplemente brutal; con todo, me las arreglé para sacar todos los pendientes a chingadazos, mentadas de madre y con suficiente fuerza de voluntad para rifármela trabajando hasta en las madrugadas. Iba chingón hasta que, el mero día de nuestro aniversario, me pasó lo que al morro aquel de la rola de El Haragán: ya casi la iba a librar, cuando de repente setup salvaje aparece y necesita ser cargado con urgencia al portal de la app con que en la agencia gestionamos la información para los clientes. "Ni pedo, a darle", dije confiadamente mientras pensaba que sería cosa de un par de horas...que se prolongaron hasta las cinco de la tarde, ya con Hilda en casa esperando pacientemente que terminara y pudiéramos irnos, por fin, a festejar como se debía.

Cuando por fin íbamos salir de casa, se soltó el aguacero. No pude evitar un "Puta madre, ¿es una chingada broma?" y decir a Hilda que ya nos fuéramos, aunque ella no quería porque aunque el coche estaba afuera de la casa, la lluvia se puso mamoncísima. Aún así, hizo caso de mi necedad de no querer perder un segundo más y largarnos a festejar a la de ya, así que como pudimos metimos las cosas a la cajuela y patitas, ¿para qué las quiero?

Reafirmé (sí, otra vez) que si no tengo pleno control de las situaciones me vuelvo un reverendo pendejo. Con tanto trabajo, no tuve tiempo de planificar nada: ni a dónde iríamos a pasear, dónde pasaríamos la noche y mucho menos dónde cenaríamos. Es más, ¡ni siquiera había podido recoger los boletos para Manicomio de los horrores que compré un par de días antes! no conforme con hacer salir a Hilda en plena lluvia (que se quitó cinco minutos después), dejé olvidada su bolsa en la entrada de mi casa por las prisas de subirnos al coche (y tuvimos que volver por ella a la mañana siguiente), nos perdí buscando un restaurant brasileño en específico, vi otro de reojo "medio vacío, pero elegante" cuando pasamos en chinga sobre Insurgentes despuesito del Parque Hundido e hice que nos regresáramos...para descubrir que apenas estaban terminando de montar los interiores. De pura cagada di con el Rodizio, y eso porque está relativamente cerca de mi chamba.

La velada se compuso y pude cambiar el mood presionado, estresado, irritable y depresivo de todo el día por no haber podido dedicarme a mi pareja desde temprano como planeaba; cenamos delicioso, le ofrecí a ella una disculpa por mi lapso de psicosis y seguimos pasándolo genial. Al día siguiente cambié la ida al Castillo de Chapultepec y al lago a cazar Pokémon acuáticos (sí, somos fans, ¿y qué? jajaja) por una visita al Acuario Inbursa para no meternos en problemas de circulación al movernos de Chapultepec a Polanco y disfrutar Manicomio sin prisas.

Todo salió genial, tuvimos un día y medio precioso antes de que ella regresara a trabajar el viernes (porque no pudo darse a la fuga por más tiempo) y yo me quedara en casa reposando las carnes para ir a mi trabajo de los fines de semana lo más fresco posible. En este momento, justo cuando terminó mi brutal jornada sabatina-dominical y disfruto el juego de los Colts acompañado de una deliciosa caguama, pienso en que, como dije en mi post de cumpleaños, encontré a la persona con la paciencia y voluntad necesarias para lidiar con mi perfeccionismo rayano en lo patológico, mi tendencia a tener el control de toda situación o deschavetarme en el intento, o mi ritmo de vida, que se ha acelerado al doble desde hace casi tres meses.




Encontré a la persona que, más allá del amor y la lujuria (que aún están presentes, y estarán de aquí a que mi pito se haga como Cheeto mojado gracias al desgaste de tantos años) representa un descanso para mi alma, un espacio de paz, la tranquilidad de saber que aunque tenga una semana de mierda siempre voy a poder recostarme junto a ella el domingo por la noche y sentir que, después de tanto desmadre, todo va a estar bien. Quiero a esa persona en mi vida por muchos años más, hasta que sea un viejo insoportable de tan gruñón y solo ella sea capaz de no salir corriendo, quedarse a mi lado, abrazarme y hacerme olvidar todo.




Now Watching: Colts vs Texans


Saludos Enfermos.


miércoles, octubre 05, 2016

Desee que estuvieras ahí




El jueves pasado, como parte de mis festejos cumpleañeros, Hilda me llevó al concierto de Roger Waters en el Foro Sol. Me emocioné desde que llegamos allá, sobre todo cuando vi el excelente lugar que teníamos (las gradas más cercanas al escenario, más o menos donde comenzaba General B), pero lo que hace siempre tan especial a la música de Pink Floyd para mi, es la carga emocional que siempre le acompaña.

Me hice fan de ellos gracias a que hace muchos años encontré este tesoro entre la enorme colección de discos de mi papá:




Años después llegó el novio de una de mis tías, llamado Juan; se casó con ella y entre el montón de cosas geniales que ha aportado a esta familia, está el excelente gusto musical con que apuntaló lo que aprendí de mi papá.


One of my turns

Con el correr de los años, después de chutarme toda la discografía y mientras pasaba por la etapa más autodestructiva de mi vida en que al llegar a casa después de cada borrachera, sin falta, abría una botella y veía la película o escuchaba el disco una y otra vez hasta que amanecía o se terminaba el pomo (lo que sucediera primero), descubrí que The Wall era mi favorito y por eso, cuando Roger Waters vino hace unos años con un espectáculo basado en ese discazo, decidí que no me lo perdería por nada en el mundo.

Esa vez solo alcanzó la plata para comprar boletos de hasta arriba; yo estaba con mi novia de turno y una amiga en las últimas gradas, justo debajo del segundo reflector de izquierda a derecha.




In the flesh?

Todo transcurrió como se podía esperar en un espectáculo de ese calibre: la enorme pantalla recreaba momentos de la película y el famoso "Estamos hasta la madre" relativo al asunto de las muertas de Juárez apareció como la primera manifestación de corte político que yo veía hacer a Roger Waters en nuestro país; escuchar a uno de mis dioses en vivo me erizaba la piel, causando que las cervezas corrieran una tras otra por mis tripas (el efecto The Wall, le llamo), y como consecuencia, tuve que ir al baño varias veces. En una de esas idas, unas cuantas filas abajo de donde  yo estaba, encontré a mi tío Juan acompañado de mi primo (quien en ese entonces tenía unos quince años) y dos familiares suyos más. Me alegró tanto verlos que solo atiné a sorprenderme y decir "Hey, ¿qué pedo? ¿cómo lo están pasando?". Nos saludamos brevemente, fui a lo mío y regresé a mi lugar, esperando encontrarlos a la salida del concierto, pero entre el gentío los perdí y ya no se pudo.

Ese es el recuerdo más bonito que tengo de Roger Waters: The Wall, con todo y lo maravilloso que fue el concierto. Un detalle tan pequeño como significativo, algo tan universal como la música uniendo a la parte de mi familia que estaba presente y recordándome quién ha sido, entre muchas otras cosas, un pilar incuestionable en mi formación musical.


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Shine on you, crazy diamond

Hace apenas unas semanas mi tío estuvo internado en el hospital por un tema muy delicado; no sabíamos si iba a salir de esa. En cuanto nos enteramos, todos hicimos nuestro mejor esfuerzo para apoyarles tanto a él como a mi tía y mis primos, y afortunadamente todo salió genial. Solo que, fiel a mi costumbre, no me permití llorar, ni angustiarme, ¡ni siquiera ilusionarme cuando su estado de salud comenzó a mejorar! por miedo a que fuera una de esas veces en que el convaleciente empieza a tener mejor cara y de repente se muere. Preferí estar ecuánime, mantenerme objetivo, no dejar que mis emociones me ganaran y estar en todo momento listo para lo que se necesitara. Sin embargo, este jueves en el Foro Sol, ya con tres litros de cerveza encima y los primeros acordes de Wish you were here...


So, so you think you can tell heaven from hell, blue skies from pain?...

Y el nudo en la garganta se hizo presente, pero pude cantar.

...did they get you to trade your heroes from ghosts?

Mi respiración se agitó, pero igual pude seguir cantando.

...we're just two lost souls swimming in a fish bowl year after year...

El llanto volvió mi voz más ronca de lo habitual.

...the same old fears...

Ya mejor me quité los lentes, que no dejan correr a gusto las lágrimas.

...wish you were here.


Como le dije a Hilda, después de eso me descansó el alma. Todas las sensaciones que me había tragado para no romperme, el stress, el miedo, fueron exorcizados de un plumazo. ¡Y qué mejor! porque así pude disfrutar el resto del concierto sin esa opresión en el pecho y con toda la energía que merecían el arte que hace Mr. Waters y su grandioso mensaje político, aunque haya quienes pretendan desvirtuarlo señalando que vino a regañar al gobierno de parte del mismo gobierno, o que se unió al pan y circo con que presuntamente Miguel Ángel Mancera pretende taparle el ojo al macho (no veo qué tengan que ver los resultados de su gestión con los conciertos masivos, si estos últimos siempre han existido). Quizá tengan razón, a lo mejor el mensaje de Roger Waters pierde fuerza al contar con la aprobación de la facción que tiene el poder en esta ciudad (y quizá también de la misma que gobierna al país), pero quienes nieguen el fuego que se siente por dentro al ver esto, será porque tienen el pecho frío y el alma muerta:



¿Quieres algunas fotos de la increíble pantalla de Waters? haz click aquí.

Autorizados o no los mensajes, polémicos o no, efectivos o no, eso ya dependerá de cada quién. Yo me quedo con la innegable calidad musical de este señor, su forma de arengar el espíritu de quienes deseamos un país digno para vivir, el haber podido cantar a todo pulmón el You'll never walk alone por primera vez en un evento masivo (¡Liverpool, ya quiero estar allá!) y las entrañables vivencias que siempre me acompañarán fondeadas por la música que alguien especial me enseñó a amar. No pudimos coincidir en las gradas esta vez, pero estoy seguro de que habrá una nueva ocasión. Siempre desearé que esté ahí.




Now Playing: Is there anybody out there? - Pink Floyd


Saludos Enfermos.