sábado, febrero 04, 2017

Cuéntame una de taxistas




El otro día tomé un taxi para ir a algún lugar cercano a mi oficina; cuando lo abordé sobre avenida Universidad, el chofer iba hablando por celular, razón suficiente para dejarlo pasar y esperar uno que tuviera las dos manos al volante; pero como tenía prisa y además es un pedo conseguir taxi en esa zona y a esa hora, pensé: "Pues qué chingados..." y me subí, con el celular en la mano y Whiskey in the jar sonando en mis audífonos wireless mamoncitos.

Me bajé los audífonos al cuello, le dije al taxista hacia dónde iba, abrí Google Maps para ver qué tal estaba el tráfico en la zona, y sin querer puse atención a la plática del taxista. Escuché algo más o menos así:

—Es que no mames, me mandaron una foto al celular y aparte me amenazaron...aguanta, te voy a mandar la foto (colgó, supongo que reenvió la dichosa fotografía y volvió a llamar).

—Sí güey, ¿cómo ves? Dice que si no dejo a Diana en paz me va a matar. No, no mames, no sabe en la que se está metiendo (pasan un par de minutos en silencio).

De repente volteó y me dijo:

—¿Cómo ves, carnal? Me mandaron una foto y un mensaje diciéndome que deje de molestar a mi ex, pero no mames, yo solo la busqué para arreglar un par de cosas, no es para que me amenacen. Yo estuve en el reclu, carnal; estuve por secuestro y extorsión y aunque ya no soy malora, conozco a banda pesada ahí dentro, ¿qué me va a estar espantando este pendejo? ¿O tú cómo ves, carnal?


*Corte a: Daniel metiendo los audífonos a la mochila, escondiendo el celular, guardando el reloj bajo la manga de la chamarra y encomendándole sus nalguitas a Satanás*


—No pues...¡qué mal pedo, hermano!

—Lo peor es que me mandaron la foto, traté de llamar y nada, se me hace que compraron un chip nada más para hacer esto, chale, aparte mi papá se murió y tengo que juntar para el funeral...

—¡Qué culero! Lo siento mucho, hermano. Bueno, este...¡aquí bajo! ¿Cuánto te debo?

—Lo que tú quieras, carnal...ya me da igual (y puso carita triste).

Le di como 35 pesos, agarré mis cositas y ¡vámonos!

Supongo que la moraleja es: nunca se suban a un taxi con toda la parafernalia tecnológica reluciendo, porque si les toca un conductor ex-presidiario como a mi, se van a cagar para adentro un poquito. Ahora, si ya están ahí, no olviden ser miméticamente empáticos  (¡con ñerazo incluido, "carnaleeeeees"!), no se dejen dominar por el miedo (aunque yo estuve a nada de bajarme del auto en movimiento unas tres veces) y pongan cara de que no hay pedo, más o menos así:




Es por cosas así que odio que Uber aún no acepte pagos en efectivo dentro de la CDMX...






Saludos Enfermos


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