domingo, mayo 21, 2017

Aventuras express @Huatulco, parte 1


El último viaje que hicimos Hilda y yo a Huatulco difirió bastante de lo que acostumbro hacer cada que salgo de la ciudad. Usualmente me gusta recorrer cada punto del lugar, acabármelo como si no fuera a volver nunca, y de hecho esa ha sido siempre la intención...¡hay tantos otros lugares para conocer y hacer míos! Sin embargo, esta vez fue distinta. Ambos estábamos agotados: ella tuvo una carga infame de trabajo en las semanas previas y yo acababa de presentar mi renuncia en SP Marketing, así que, aunque al principio iba con toda la intención de visitar todos los puntos interesantes que pudiera, terminé por dejarme llevar por el cansancio y la hueva, relajarme y alternar mi sentido aventurero con unos buenos lapsos tiradote en alguna de sus hermosas playas o en la alberca de The Skipper's Club, el hotel donde nos alojamos y conocimos a Tassy, la chica de relaciones públicas que, siempre con una sonrisa en la boca y la mejor actitud, nos sugirió opciones para dejar más que satisfecho a mi lado "Pata de perro".

Elegimos un par de tours que se antojaban emocionantes; para el primero de ellos, Fernando y Lupita, dos guías increíbles y amenos, nos llevaron en un paseo en cuatrimoto. Después de agarrarle la onda (la única vez que había manejado una fue hace como 15 años y la cosa no salió muy bien gracias a que mi adorable primito de —en ese entonces— tres años apretó el acelerador hasta trabarlo e hizo que fuéramos a dar contra una pila de llantas viejas), cruzar un par de boulevares y un tramo de selva, llegamos a Cacaluta, una de las paradisíacas playas de Huatulco que, de hecho, debe su fama a que en ella se filmaron las secuencias finales de Y tu mamá también, solo que en la peli la llamaban Boca del cielo. El mar estaba bravo y tuve que conformarme con meter los pies nada más, aunque la vista compensó con creces:


Más fotos, aquí.


Después de regresar sobre el mismo tramo de selva y casi matar del susto a Hilda cuando me subí a una banqueta un poquitín bruscamente para estacionar la cuatrimoto, llegamos a La Entrega, otra bahía que ya conocíamos de nuestro viaje anterior. Pedimos una orden de pescadillas —algo ligerito— porque nos esperaba mi primera sesión de snorkel. Como la mayoría de ustedes, queridos lectores, ya saben, desde hace un par de años me he visto en la necesidad de usar lentes de armazón y pensé que el hecho de quitármelos para poder ponerme los googles limitaría mi disfrute debajo del agua. ¡Nada más equivocado! Mi visión no estaba al 100%, pero el efecto del agua en el plástico del visor me ayudó bastante.

Asumamos que le tengo mucho respeto al mar, por no decir que —según me dijo Hilda— la cara que puse cuando me dijo "Tranquilo, vas a dejar de sentir apoyo bajo tus pies, solo flota" delató que soy bastante miedoso en ese sentido, pero después de unos minutos aprendiendo a patalear y controlar mi respiración pude dejarme ir y disfrutar no solo con la idea de que algo podía extender sus tentáculos desde el fondo, entre las grutas, para llevarme y convertirme en su cena (no, no estaba drogado, realmente me da miedo que algo así pueda pasar), sino con algo mucho más bello y tangible, como un par de bancos de peces que me pasaron, literalmente, entre las manos.


El resto de la galería —cortesía de Fernando Ramos, con todo y fecha mal calibrada en su cámara, jaja— aquí.


Para rematar una maravillosa tarde, nos encontramos a este curioso que andaba pidiendo pedacitos de tortilla a una familia:




Hilda no se quiso quedar con las ganas, también pasó a saludarlo para darle algo de comer antes de abordar de nuevo la cuatrimoto y regresar al hotel con un muy grato sabor de boca. A pesar del cansancio, seguíamos con muchas ganas de continuar disfrutando las sorpresas que Huatulco tenía listas para nosotros en el segundo tour que elegimos. Ya les platicaré cómo nos fue, en el próximo post.




Now Watching: Chivas vs Toluca


Saludos Enfermos.


0 han opinado. ¡Da click y hazlo también!: