jueves, junio 01, 2017

¡Gracias por la doce, Chivas! ¡Gracias, Matías!




El domingo vi por tercera vez a Chivas coronarse campeón. Las dos anteriores, frente a los coloridos Toros Neza en 1997 y Toluca en 2006, no las disfruté tanto como esta última; la primera porque estaba muy chavito y la segunda porque si bien ya era aficionado del Rebaño Sagrado en ese entonces, estaba más interesado por la NFL y no me involucraba demasiado. Eso último cambió de un tiempo para acá, en que —como ya he mencionado antes— aprendí a apreciar el fútbol más allá de la calidad de la liga mexicana y sus bemoles, y lo vi más como un buen pretexto para pasar un rato a gusto con mi papá echando desmadre, tomando una cerveza y disfrutando el juego.

Alguna especie de magia debe tener este equipo, que fue capaz de hacer que un enefelero cerrado se diera cuenta de que hay muchas cosas para disfrutar fuera del emparrillado. Poco a poco, las Chivas rayadas de Guadalajara se ganaron un lugar en mi corazón, amén de mi fascinación por esa hermosa ciudad y (casi) todo lo que tenga que ver con ella. Así, cuando me di cuenta, esperar para ver los juegos del equipo rojiblanco ya era igual de emocionante que los minutos previos a un partido de Broncos o Colts.

Siempre me he preciado de ser un buen aficionado, mas nunca un fanático. Me verán echando carrilla a aficionados de otros equipos (amigos míos, casi siempre) en tono de broma, pero jamás he ido, ni iré, a agredir sin motivo a alguien porque le va al Atlas, al América, a los Pats, a los Raiders o cualquier rival. Hago hincapié en esto para retomar un poco lo que dije sobre la reciente conquista de la Copa MX: considero que todo aficionado del equipo más amado en México debe ser congruente en actitud y forma, mantener la sencillez que siempre ha formado parte de la mística de Chivas y saber ser no solo digno en la derrota, sino caballeroso en la victoria.

Desde la época dorada, aquella del Campeonísimo, e incluso desde antes (según me muestra la historia, que no tuve la fortuna de vivir aquellos tiempos llenos de emociones y campeonatos) Chivas ha hecho gala de unidad, espíritu colectivo y tradición, mismos que han sido reavivados con gran intensidad por un hombre que llegó hace un par de años desde Argentina con las maletas llenas de ganas de hacer cosas grandes. Primero lo conocí como Matías Jesús Almeyda; después, con la familiaridad, asumí su apodo de "El pelado" y, por último, no hace mucho, se convirtió en Matías. Así nada más: Matías. Nuestro Matías, el hombre que nos ha dado dos Copas, una Supercopa y —ni más ni menos— la duodécima estrella.





Matías, más allá de aprovechar el talento hasta entonces desperdiciado de sus nuevos pupilos, supo cómo erradicar en ellos una idea que, tristemente, causa demasiados estragos no solamente en el fútbol, sino en aspectos cotidianos de la gran mayoría de los mexicanos. Posiblemente sea por eso que considero inválido aquel argumento que muchos otros hinchas esgrimen cada que se cuestiona la calidad de juego de las Chivas, ese que reza "Pero ellos juegan con puros mexicanos"; para mí, carece de sustento, pues el hecho de que participen sólo jugadores nacionales no es una desventaja ni mucho menos; se trata de una mera tradición, algo como lo del Athletic de Bilbao, que alinea únicamente a futbolistas vascos. Es una singularidad bonita, si me aceptan la simpleza del término, y nada más.

Matías tomó este concepto, le dio la vuelta y lo utilizó para levantar de sus cenizas (y de estar peleando el descenso) a un equipo histórico con base en trabajo duro y humildad, misma que se ha convertido en su arma favorita para, con toda la cortesía y elegancia del mundo, responder a pseudo-periodistas como este, que tuvo su semana de fama gracias a la carencia de objetividad que ostentó durante esos días:





Claro que también tienen su gracia las respuestas rebosantes de picardía juvenil, inocentemente castrosas, afiladas y acertadas. Vean a Rodolfo Pizarro y a Carlitos Fierro haciendo de las suyas:





Volviendo al nivel de aficionado, a mi me daría una hueva increíble aguantar a alguien como este individuo, ¡y qué decir de toda esa gente que, sin tener un micrófono enfrente, escupe por la boca lo que le nace desde el estómago! por eso me mantengo al margen de cualquier polémica. No se me antoja caer en discusiones que van desde "¿Por qué las Chivas se jactan de ser un equipo 100% mexicano si el equipo fue fundado por franceses y su técnico es argentino?" (es neta) hasta el argumento barato de quienes demeritaban el paso, angustioso pero seguro, del equipo tapatío a través de las eliminatorias a golpe de empates. Y, por supuesto, la cereza en el pastel: el penalty que Santander no vio o no quiso marcar a favor de Tigres en el minuto 93. Que de esas discusiones se encarguen los inconformes: ciertos medios de comunicación, los detractores de siempre que parecen más atentos a lo que hace el rival que a los logros de su equipo, o incluso los fanáticos rojiblancos cegados e incapaces de admitir que un error arbitral, si bien es lamentable, no ensucia de ninguna manera la garra, el talento, la entrega, las ganas, la determinación ni el corazón mostrados por este grupo de chavitos que tienen todo para darnos a nosotros, sus seguidores, muchas más alegrías.




Porque sí, llegó la 12 aderezada con el segundo doblete en la historia de Chivas (algo que ningún otro equipo ha logrado) y se viene una interesante revancha para Tigres en el Campeón de campeones que se jugará el 16 de julio, pero queremos más, ¡queremos la 13, la 14, la 18!

Podrían ser ciertas las palabras de Jorge Vergara: quizá estemos presenciando al inicio de un nuevo Campeonísimo. Se dice por ahí que Matías tiene contrato por cinco años más para trabajar tanto con las brillantes contrataciones que se han hecho hasta ahora (Pizarro, Orbelín, Pulido, Cota) como con la cantera. El campeonato obtenido el sábado por el equipo Sub-20 en casa del acérrimo rival puede hacernos soñar, creer y desear que las palabras del tío Vergy sean proféticas.






Now Playing: Hgihway star - Deep Purple


Saludos Enfermos.


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