domingo, julio 30, 2017

Guanajuato y la CDMX, hermanadas por Diego Rivera (¡y con Picasso de visita!)


Un must para quien se precie de ser amante de las expresiones artísticas del siglo XX en México es el Museo Casa Diego Rivera, ubicado en la bella ciudad de Guanajuato. El hogar en que naciera y viviera durante los primeros 6 años de su vida uno de los máximos representantes del muralismo mexicano fue convertido, en 1975, en guardián del mobiliario que acompañó la infancia del ilustre muralista, respetando sus características originales para reproducir el ambiente original en que hizo sus pininos como artista (sí, le gustaba eso del trazo desde pequeñito). Además, posee alrededor de 175 piezas originales del pintor, propiedad del ingeniero Marte R. Gómez, siendo una de las colecciones más importantes en todo el país, pues representa diferentes etapas creativas del artista.


Visita la casa de Diego Rivera haciendo click aquí.



Hablando de las etapas artísticas de Diego María de la Concepción Juan Nepomuceno Estanislao de la Rivera y Barrientos Acosta y Rodríguez, una que lo enlaza con otro grande de los lienzos —un tal Pablo Diego José Francisco de Paula Juan Nepomuceno María de los Remedios Crispiniano de la Santísima Trinidad Ruiz y Picasso— engalana al Museo del Palacio de Bellas Artes a través de la exposición Picasso & Rivera: conversaciones a través del tiempo. Organizada por el ya mencionado recinto mexicano y el Los Angeles County Museum of Art, presenta la influencia de un genio en el otro y la amistad que desarrollaron durante el tiempo que coincidieron en la vanguardista París, en los albores del siglo XX.

Compartir cuatro de sus nombres no es lo único que enlaza a ambos artistas hispanoparlantes. Haber sido niños genio que accedieron al estudio de las bellas artes desde muy jóvenes, coincidir en la capital francesa para sostener una longeva amistad que desembocaría, principalmente, en la influencia del cubismo de Picasso sobre el espíritu de Rivera como intersección de sus caminos, no pueden ser obras de la casualidad. Es un hecho que la Humanidad necesitaba el encuentro de estos dos gigantes para crecer alimentándose uno del otro y continuar por sus respectivas sendas hacia la grandeza.


La exposición está disponible hasta el 10 de septiembre, así que tiempo hay, ¡y de sobra! para no perdérsela. Eso sí, vayan sin cámara profesional, ya que no están permitidas; únicamente se pueden hacer fotos con el celular y no a todas las obras, pues hay algunas a las que, por derecho de propiedad, no podrán fotografiar sin recibir una llamada de atención por parte del personal de vigilancia.



El resto de la galería, aquí.


Aún así, vale completamente el tiempo que el visitante invierte perdiéndose entre las intrincadas manifestaciones del cubismo de Pablo Picasso y su posterior derroche de sensualidad a través de minotauros y musas, así como en el talante transgresor y revolucionario (cuando ambas palabras significaban algo) pero, sobre todo, versátil de Diego Rivera, que le llevó incluso a ilustrar una edición japonesa del Popol Vuh. La entrada cuesta 60 pesitos, así que sacrifiquen un par de caguamas y vayan a disfrutar este encuentro de dos de las almas más libres que han plasmado su huella sobre un lienzo.

P.D.: Si llegan al Museo del Palacio de Bellas Artes con los audífonos puestos, busquen mbellasartes en Spotify, o bien, hagan click aquíaquí. Seguro se ambientan.






Saludos Enfermos.


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