domingo, septiembre 03, 2017

El día que conocí a Peyton Manning




Todo fue gracias al evento México Siglo XXI, de la Fundación Telmex Telcel. Me enteré un día antes de su presentación y, después de alborotarme como puberta fanática de Justin Bieber, me puse a buscar si había acceso para el público en general.

Nada.

Incluso intenté contactar a un par de personas que no podrían asistir para cambiar su entrada por uno de mis riñones, pero al tratarse de gafetes personalizados, la cosa se volvió imposible.

Mi mente se puso a trabajar como aquella ocasión en que armaba un reporte durante la madrugada para entregar a primera hora a un cliente y me quedé dormido, sólo para terminarlo justo antes de entrar a junta. Lo primero que se me ocurrió fue ir a pararme afuera del Auditorio Nacional y esperar la salida de Peyton para poder acercarme, pero lo descarté al pensar en que entraría y saldría en automóvil del lugar; muy complicado para intentar cualquier tipo de contacto.

La siguiente idea me devolvió el entusiasmo: ¡iría a esperarlo al Aeropuerto! ¡En algún momento, dependiendo de qué tan caótica se pusiera la ciudad debido a las lluvias (y de si se quedara o no al bailongo con Los Ángeles Azules, encargados de cerrar el evento) tendría que llegar ahí! Después de confirmar que todas las posibles aerolíneas que él pudiera utilizar parten de la Terminal 1 y de una infructuosa búsqueda de los horarios de cada una, me di un baño y me vestí para la ocasión: el imprescindible jersey con el número 18 y la gorra de campeones del Superbowl 50.

Mientras me dirigía al Aeropuerto, imaginaba cómo reaccionaría si me lo encontrara de frente. ¿Lograría mantenerme ecuánime al encontrarme con quien ha sido no sólo mi ídolo durante años, sino un ejemplo de vida? No lo creo. ¿Me ganaría la emoción, al grado de sentir un nudo en la garganta? Muy probable. ¿Me atrevería a volver a lavarme la mano después de estrechar la suya mientras lo miro con ojitos de caricatura japonesa? No lo garantizaría.

La Terminal 1 del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México estaba helada gracias a tanta lluvia de días recientes, pero casi no lo resentí; el sudor y las ansias me lo impidieron. De repente, vi un grupo pequeño de gente a lo lejos, y en medio de ellos, un armatoste de 1.96 con la frente cómica e inusualmente amplia. Avanzaban rápidamente hacia la puerta que da a la sala de espera...¡no los alcanzaría! Y solo atiné a hacer lo primero que me vino a la mente. Mientras corría, desde el fondo del estómago me salió un "Omaha!" que logró captar su atención y me permitió acercarme lo suficiente.

—Peyton! Hi! I'm glad to see you here, in México! Could you...

Le tendí mi gorra.

—Huh? Yes, of course! What's your name?

 Plasmó el anhelado garabato sobre la palabra "Champions"; lo mismo hizo sobre el número 8 de mi jersey, justo del lado del corazón.

—Could I get a selfie with you, Peyton?

—Sure! Let's do it

...y no fue una; entre las ganas de tener la mejor foto y la temblorina en mi mano producto de la emoción, debo haber disparado unas seis veces.

Guardé mis preciados tesoros, y antes de darle la mano nuevamente para despedirme garabatee en un papel la URL de mi blog, para que pudiera ver los artículos que he escrito sobre él durante todos estos años.

—I'll ask someone to translate it, thanks, Daniel.

—Thank you, Peyton! You're the GOAT for me, I hope you enjoyed being here, and see you soon.



























































































La mañana siguiente, tras despertar con el culo mojado y consolarme pensando que soñar no genera impuestos (todavía), fui todo lo objetivo que pude para contener mis ganas de ir a buscar la oportunidad de hacerle una foto aunque fuera desde lejos; entre lo especialmente caótica que estuvo la ciudad durante esta semana, la falta de información —algún tweet de alguien que le hubiera visto en Polanco, en el Aeropuerto, algún horario de vuelo filtrado, ¡lo que fuera!— y la esperanza cada vez más tenue, todavía durante todo el fin de semana anduve cargando con mi gorra del Superbowl 50 para todos lados sin saber siquiera si continuaba en México. Como era de esperarse, el éxito brilló por su ausencia y me la pelé durísimo.

No sé si se pasó la última oportunidad en mi vida de ver a mi gran ídolo, o si tendré la fortuna de que venga a México con acceso abierto para el público, o me lo encuentre en Colorado, o algo. Lo cierto es que, si bien al principio me entristeció mucho no tener la oportunidad, después de ver la forma en que los asistentes al evento México Siglo XXI se emocionaron cuando salió al escenario me alegré sinceramente por todos ellos, sobre todo por quienes atraparon los balones que lanzó y por el chico que tuvo la fortuna de subir a que le firmara no uno, ni dos; ¡tres jerseys! y logró obtener una selfie con él. Estoy seguro de que ese muchacho no debe haber dormido en toda la noche, y a estas alturas sigue admirando, en la intimidad de su recámara, esos invaluables tesoros. Yo lo haría.

En fin, que algún consuelo debe quedarnos a los simples mortales; si son fans de Peyton Manning, hagan click aquí para ver la galería de imágenes de su presentación, la conferencia completa, y atesoren el momento.




Now Watching: Batman, the Dark Knight rises


Saludos Enfermos.


2 han opinado. ¡Da click y hazlo también!:

TeReSa dijo...

Se me hizo raro que un vuelo internacional llegara a la Terminal 1, pero buena anécdota...

Daniel Mendez dijo...

De hecho sí revisé y salvo tres aerolíneas, sí llegan a la 1. Digo, si era choro, había que armarlo bien, jajaja.

Saludos, Tere.