lunes, octubre 09, 2017

Manning Weekend: un justo tributo para un jugador legendario




¿De qué manera se puede agradecer a Peyton Manning lo que ha hecho no solamente por un equipo, sino por una liga tan poderosa como la NFL e incluso por una ciudad entera?

Previo al draft de 1998, durante un destello de arrogancia (o quizá una premonición), Peyton Manning dijo a Bill Polian:


"Si me seleccionan, les prometo un campeonato; si no me seleccionan, prometo regresar y patearles el trasero"


Aunque años después fue incapaz de doblegar a su ex equipo comandando a los Denver Broncos, sí cumplió lo del campeonato. La imponente cantidad de records y un anillo de Superbowl obtenidos durante 14 años vistiendo los colores de los Indianapolis Colts y llevando la herradura en el casco como ningún otro ha podido hacerlo (perdóname, Johnny Unitas), o la creación de Peyback Foudation —encaminada a brindar una oportunidad a chicos que no han tenido todas las oportunidades que deberían en la vida— son sólo dos muestras fehacientes de la grandeza de este hombre, dentro y fuera de los emparrillados. Pero no son las únicas razones por las que merece el homenaje de que fue objeto durante este fin de semana.

Peyton estuvo ahí durante trece de esos catorce años. El único año que no sucedió así, su último, fue debido a la lesión en las cervicales que lo mantuvo fuera de la línea de scrimmage, aunque siempre se le vio en la banda y en los vestidores dando todo de sí para apoyar al equipo que lo reclutó.

A Peyton parece no importarle que, tras ese último año, Jim Irsay y compañía le dieran las gracias pensando que estaba acabado para buscar el futuro en Andrew Luck y le obligaran a hacer lo propio mudándose al salvaje oeste, donde terminaría de apuntalar los records que forman parte de la leyenda de The Sheriff. Y hace bien. Como si se tratara de un viejo y entrañable amor que en algún punto de la relación falló, Peyton se enfoca en atesorar todos los momentos que valen la pena, aquellos que arrebataron al basketball y a las carreras de autos la atención de los habitantes de una ciudad ávidos de probar las mieles de otras glorias, y desde donde conquistó a una legión de fanáticos que, a distancia, enviábamos toda nuestra energía hacia su brazo para que conectara un touchdown más con Marvin Harrison, Reggie Wayne, Marcus Pollard, Dallas Clark o Brandon Stokley. Peyton era (es) nuestro pastor, y con él nada nos faltó nunca.

Por todo eso, la historia de la NFL lo inmortalizó este sábado a través de una estatua que nos recordará a todos quién construyó el Lucas Oil Stadium.





Por eso, el domingo su jersey fue retirado y su nombre agregado al Círculo de Honor de los Indianapolis Colts. Nadie más podrá volver a usar ese número en la capital de Indiana, porque le pertenece a él para siempre.





Por eso, quienes tenemos los recuerdos de su carrera grabados con fuego en la memoria vestimos con más orgullo y cariño que nunca el jersey con el mítico número 18, y algunos otros deseamos viajar a Indianapolis con la única intención de (como Proximus a Marcus Aurelius en Gladiator, al entrar a Roma) poder besar sus pies, hablarle a la estatua y darle las gracias por todo lo que nos entregó durante tantos años.






Now Playing: Analyse - Thom Yorke


Saludos Enfermos.


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