jueves, marzo 23, 2017

Dulce alegría


Y luego, un día, no huyó de nosotros. Aguardó nuestra llegada, acogiéndonos con dulces voces de paz. No permitía, sin embargo, que nos acercáramos demasiado. Cuando le parecía que nos acercábamos demasiado, se lanzaba repentinamente en loca huida, para volver a entonar, ya segura y a lo lejos, sus blandos sonidos suaves. Así continuaron las cosas durante algunos días. Fue necesario bastante tiempo hasta que consiguiéramos entablar amistad con ella; pero llegó el momento por fin, y a veces se juntaba a nosotros en nuestros juegos.

Me gustó desde el principio, Su aspecto, que no podía ser más bello y agradable, me sedujo desde el primer momento. Era mansa y dulce; sus ojos brillaban con una suavidad y una ternura que nunca había visto en nadie más. Se diferenciaba en esto de todas las mujeres de la Horda, que eran verdaderos marimachos. Nunca sus gritos fueron duros ni airados, como si estuviese en su temperamento el huir de toda lucha.

La mansedumbre parecía emanar de todo su ser. Acaso el aspecto de su cuerpo y de su rostro dispusiera a creerlo de esta manera. Sus ojos eran grandes, más grandes que los de todas las de la Horda, y no tan cavernosos. Las pestañas, más largas, estaban bien dibujadas. La nariz no era tan gruesa ni chata; tenía perfectamente marcado el puente, y las ventanas se abrían hacia abajo. No eran grandes sus dientes incisivos, ni el labio superior largo y pendiente, ni el inferior pronunciado hacia adelante. Tampoco era velluda, excepto en los hombros y los muslos, y aunque delgadas sus caderas, las piernas no parecían retorcidas y nudosas.





Before Adam, Jack London, 1904


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¿De quién se habrá enamorado el protagonista de esta historia, que la describe con tal embelesamiento? Averígualo aquí, y disfruta un vistazo a nuestro pasado primigenio. Seguro te identificarás con más de una situación.




Now Playing: The cosmo of friendship - Andromeda Harmonic Orchestra


Saludos Enfermos.


martes, marzo 21, 2017

Salvador Dalí: Sueños urbanos @Paseo de la Reforma


En el post donde expliqué por qué presenté mi renuncia en SP Marketing comenté que una de las cosas que deseo retomar es salir a pasear, cámara en mano, como solía hacerlo cuando tenía algo de tiempo libre. Bueno, pues ni tardo ni perezoso, al día siguiente, aprovechando que Hilda tuvo el día libre, fuimos a dar la vuelta a Chapultepec.

Después de disfrutar una tarde soleada paseando sobre Paseo de la Reforma y disfrutando la soledad del bosque a la altura del MuseoTamayo para después comer delicioso en el restaurant de dicho recinto cultural (que recomendamos ampliamente), fuimos a hacer la digestión caminando un ratito frente al Museo Nacional de Antropología, aprovechando que el Museo Soumaya de Carlos Slim tuvo la excelente idea de compartir con toda la tropa que circula usualmente sobre esa avenida, una pequeña pero sustanciosa colección de obras de arte de la autoría del icónico (y, me atrevo a decir, objeto de cliché) Salvador Felipe Jacinto Dalí i Domènech. Salvador Dalí, para los cuates.


La galería completa, aquí.


Creo que la cosa más surrealista de ese paseo fue disfrutar con total calma mientras toda la godiniza alrededor nuestro corría, con prisa, estresada porque ya se le pasó el camioncito que se va por toda Reforma o porque quizá iba tarde para una cita con su pareja, alguna consulta médica o alcanzar a ver el partido de fútbol de su equipo favorito. Todo eso era completamente ajeno a nosotros, así que nos concentramos únicamente en disfrutar el paseo mientras yo esquivaba a toda esa gente apresurada para poder tener una fotografía decente de cada obra que llamara mi atención, cosa que no fue difícil, gracias a que las fantasías de Dalí empalman perfectamente con algunas de mis obsesiones. Así, me sentí afortunado por tener tan cerca fantásticos corceles, el erotismo que emana por sí mismo un cuerpo femenino perfectamente formado, y la implacable carrera del (y contra el) tiempo que, durante tantos años, me ha mantenido pendiente del reloj, dividiendo mi tiempo en unidades fáciles de administrar para exprimirle la máxima eficiencia, cronometrando y midiendo todo, convirtiéndome en una mole de velocidad y stress que, ahora, en mi nueva vida de nini con horario de lunes a viernes, pretendo dejar atrás de manera paulatina pero constante.

Esto fue solo el calentamiento; después de eso nos dimos una escapada de una semana a la playa favorita de Hilda (y mía, que siempre lo paso genial por allá), pero ya les contaré en estos días cómo estuvo y qué cosas geniales encontramos por allá. Mientras, ¡vayan a ver la exposición de Dalí! todavía la alcanzan, creo que estará más o menos hasta mediados de abril. Seguro les encantará.






Saludos Enfermos.


martes, marzo 07, 2017

El primer año sin Peyton Manning


Hace un año...





Era lunes cuando Peyton Manning anunció su retiro. Yo estaba en la oficina de SP Marketing, buscando como loco un canal en streaming para no perderme la conferencia. Sintonicé justo a tiempo, y conforme avanzaban los minutos, fue más difícil contener las lágrimas y disimular el nudo en la garganta, hasta que de plano, al final,  tuve que levantarme de mi lugar e ir al baño.


Aún tengo frescas en la memoria las últimas palabras que le dijo (en público, seguramente) a Bill Belichick:





Todavía se me hace un nudo en la garganta tras el último balazo que vi disparar al Sheriff, justo como cuando estaba viendo el Superbowl 50 en casa de Hilda y le dije: "Parece que ese fue el último, amor":





La temporada que terminó en febrero pasado fue especialmente dura. Sigo extrañando el "Omaha!" que, en tan poco tiempo, se volvió entrañable y un sello característico de su play call:




Supongo que me mentalicé y por eso no resentí tanto el perderme varios juegos debido a que mi trabajo actual, el de los fines de semana, exige que mis domingos, entre las 11:00 y las 13:00, realice una tarea de suma importancia, y el horario parta las transmisiones estelares. De cualquier modo fue une temporada gris para mi (sin faltar al respeto a los restantes equipos, ni a sus aficionados); saber que el ídolo al que aclamé durante 20 años —contando el tiempo que lo vi jugar en la NCAA con los Tennessee Volunteers— ya no estaría en los emparrillados me dio un poco de cruda post-Superbowl y, a decir verdad, aún sigo extrañando verle en los emparrillados.

No recuerdo cuántos artículos he dedicado a Peyton Manning en este blog, pero es un hecho que he escrito hasta el cansancio sobre sus proezas, la forma en que me ha inspirado y cómo se ha convertido en un ejemplo a seguir para mi, motivándome para adaptar su filosofía a todos los aspectos que puedo dentro de mi vida.

El otro día estaba pensando en que, para ser ateo, soy un tipo bastante idólatra, aunque a mi favor puedo decir que en mi panteón personal habitan únicamente seres carnales que han logrado algo grande en este mundo. Es así como me atrevo a colocar a Peyton Manning en el mismo pedestal en que he puesto a tipos como Pancho Villa o John Lennon. Yo no necesito santos que me digan cómo vivir la vida, yo necesito a personas de carne y hueso que, con virtudes y defectos,  me den una guía, me inspiren, y me hagan sentir que, a pesar de mi condición de simple humano, puedo lograr cosas grandes.

No sabría decir si he sido el mejor en lo que hago, pero una cosa es segura: ver a Peyton Manning levantarse una y otra vez de una derrota, y otra, y otra, y seguir peleando, seguir empujando, no rendirse ante la adversidad, regresar mejor preparado aún cuando el cuerpo no dé más, entrenar a la mente para sobreponerse al dolor, empujar de nuevo, intentar otra vez, saber sentarse cuando es necesario para el equipo y tener las pelotas para regresar en el momento justo para rescatarlo todo haciendo una jugada grande; caer y levantarse. caer y levantarse, me es más valioso que cualquier otra cosa. Caer y levantarse. Ahí está la clave de todo, y es un aprendizaje por el que jamás podré agradecerle personalmente, pero desde el fondo de mi alma, siempre lo haré.








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Justo a la mitad del momento en que escribía estas líneas, me llegó una noticia con la que no contaba. Después de unos tragos, de digerirlo a mi manera, de enfriarme, de llorar, ser cínico, llorar de nuevo y decidir tranquilizarme, pienso que aquí viene la mejor enseñanza a aplicar: mantén la calma, busca la manera, haz las cosas bien y procura no solo no ser una carga para el equipo, sino ser el apoyo que necesitan en este momento.

Gracias por eso, Peyton.






OMAHA!!!





Now Playing: Woad to ruin - London Music Works


Saludos Enfermos.

domingo, marzo 05, 2017

Final round: ¿por qué renuncié en SP Marketing?


El mes pasado cumplí nueve años trabajando en SP Marketing. Cuando entré era apenas un mocoso de 23 años (aunque ya tenía buenos siete años de experiencia previa) que llegaba a su tercera agencia de marketing, sin saber todo lo que viviría ahí.

Empecé como capturista, y mi velocidad era prodigiosa; ahora, tanto tiempo después, aún conservo destellos de ella, pero mis dedos y muñecas ya resienten el uso rudo y contínuo.

Luego, con ganas y talento, tuve oportunidad de recorrer distintas áreas, obteniendo experiencia y conocimientos invaluables mientras, simultáneamente, desarrollaba cierta habilidad con las letras y las ideas (algo que atribuyo a mi gusto por la lectura y a los casi diez años que llevo escribiendo este, su blog de confianza) que me llevó a recibir una invitación el año pasado para dar una conferencia en el Community Managers Summit 2016 sobre Blogging. ¡Así, de la nada, le llegó al tipo que escribe El Pensador Mexicano la oportunidad de pararse en un escenario frente a un público de no menos de 200 personas! Y bueno, el resto ya se los conté en este otro post. Creo que eso es lo más grande que he hecho dentro de mi carrera hasta ahora, y como en ese entonces aún trabajaba para SP Marketing, una parte del crédito se la concedo a la agencia, por haberme permitido foguearme en, y ser fundador y parte del equipo Digital; mi gratitud, en lo que a eso respecta, es innegable.




Como toda historia debe llegar a un final, el miércoles presenté mi renuncia en SP Marketing. Más allá del crecimiento profesional y los logros, atesoraré los momentos, situaciones y personas que marcaron para bien una diferencia en mi vida. No haré una lista de nombres porque, tras nueve años de historias, temo que la emoción de intentar recordarlos a todos me haga omitir a alguien inmerecidamente; por eso me conformaré con sonreír al recordar a las personas que tuvieron un paso transitorio por mi vida pero me obsequiaron un rato agradable, y mi sonrisa se vuelve más amplia, más franca, cuando a mi pensamiento vienen aquellos que primero se convirtieron en amigos, después en compañeros de parranda, y por último, en personas importantes, en parte de los pilares que me sostienen y me hacen sentir confiado porque sé que siempre van a estar ahí para mi, y yo para ellos. Trabajamos duro, hombro con hombro, cuando pertenecimos al mismo equipo. Alguno llegó a desfallecer y siempre hubo alguien ahí para levantarle, para motivar, para soltar algún chiste estúpido que nos hiciera reír y seguir adelante con ánimos renovados. Se convirtieron, sencillamente, en parte de mi familia, y son lo más valioso que me llevo de SP Marketing.

Hay otra cosa que quiero puntualizar: tan solo unas pocas horas después de mi salida me llegaron un montón de comentarios, de distintas personas, acerca del motivo de la misma, y pese a que quienes me conocen seguramente intuyen cuáles fueron mis motivos para dejar de laborar en SP Marketing, no me genera el mínimo conflicto resaltar que, a pesar de que la agencia tiene entre sus filas a gente con mucho talento, excelsamente preparada y muy capaz, esto no sirve de nada si la cabeza es inoperante.

Es triste ver la forma en que Fabiola Davó, CEO de SP Marketing, intenta con desesperación salvar un negocio que ella misma se ha encargado de llevar a un punto crítico. Es patético que no tenga la capacidad para liderar, y mucho menos motivar, a un equipo que cada vez está más hastiado, cosa que ni por error se refleja en las "encuestas de clima laboral" que cada cierto tiempo hace y que solo su "club de Tobi" contesta sin miedo, ya que son los únicos que no viven angustiados porque un buen día, gracias a alguna brillantísima "estrategia administrativa", les avisen que están despedidos y que el abogado les espera para firmar su renuncia el mismo día de la notificación, como tantas veces ha sucedido.

Mención aparte merecen su nulo sentido común y empatía. Hace unas semanas enfermé y tuve que pasar tres días en cama, de los cuales uno fue un viernes en que el ganglio inflamado en mi cuello y la infección de oído que pesqué no me permitían ni siquiera pasar saliva sin hacer un gesto de dolor. Envié a Fabiola Davó un mensaje vía WhatsApp en el que le mostré la inflamación y le comuniqué que no asistiría ese día a la oficina, y su respuesta no mereció otra reacción que dejarla en visto:




A una de sus apreciables allegadas se le ocurrió hacer lo mismo, pero por mail, y agregando la lista de pendientes que dejé gracias a mi enorme irresponsabilidad y falta de compromiso al enfermar. Naturalmente, no le contesté, porque me preocupaba más el no haber podido ingerir alimentos en todo el día gracias a mi garganta cerrada:




Pues no, no entregué suficientes avances porque llevaba dos semanas sintiéndome pésimo, y como es obvio, al regresar a la oficina el lunes siguiente no se hizo esperar el clásico reclamo pasivo-agresivo sobre por qué no respondo los correos electrónicos. Francamente, me dio igual.

No es la primera vez que hacen una cosa así. Lo mío no fue tan grave y requirió únicamente tres días de reposo total (además de seis inyecciones, mas un chingo de antibióticos y anti-inflamatorios). Sé de alguien a quien le hicieron algo muchísimo peor, pues no solamente no respetaron el hecho de que haya enfermado de paperas y tenido que pasar un par de semanas fuera de la oficina, sino que, además, mostraron una terrorífica e indignante falta de sensibilidad al recibir la noticia de que un familiar muy cercano de esta persona había fallecido y responder con un impresionante "Lamento mucho tu pérdida, pero necesito que estés involucrada al 100% en el proyecto".

Entre esta situación y el hecho de que mi solicitud de vacaciones haya sido rechazada bajo el argumento de "Es que tienes muchos pendientes, armaste un plan de trabajo ¿y a la semana pides vacaciones?", fue suficiente para decidir que no valía la pena seguir desperdiciando mi tiempo y energía en SP Marketing. Si tenía tanto trabajo era porque, además de administrar la información de una base de datos enorme, se me asignaron tareas de community manager y de relaciones públicas, cuando para esos dos rubros había, anteriormente, otra persona asignada. Con todo, redoblé esfuerzos para sacar día con día lo que me correspondía hacer mas lo que me endilgaron, y si a Fabiola Davó le pareció "fuera de lugar" que solicitara mis descansos con casi tres semanas de anticipación (porque así está establecido, para dar tiempo a que se revisen y autoricen), a mi me pareció igual de inapropiado tener que suspender el viaje que planeo hacer con mi novia para festejar su cumpleaños solo por el capricho de alguien a quien no le cabe en la cabeza que con únicamente la extracción de datos de distintos websites para mantener actualizada la base de datos de su proyecto (que, por cierto, tras año y medio no ha aprendido a vender) tenía trabajo para repartir con, por lo menos, una persona más.

Aclarado este punto, continúo: no renuncié porque "no tuviera ningún resultado para entregar", como vociferó; si existió la coincidencia entre que ese día debiera presentar un informe y mi paciencia se agotara, no fue algo planeado. Tampoco "preferí renunciar porque sabía que no tenía nada y quise evitar lo que iba a suceder", porque...¿qué iba a pasar? ¿que intentara, nuevamente, espantarme con su gritería? ¡Si basta con mirarle fijamente, el mentón sobre la mano, con expresión de "Qué mal estás de la cabeza" para neutralizarla! Me fui porque consideré que ya no necesitaba tolerar la paupérrima ética ni la falta de profesionalismo de esta persona y porque no iba a sacrificar un compromiso personal tan importante a favor de algo que no tiene pies ni cabeza, que no ha despegado, y que dudo mucho que algún día lo haga. ¿Tuve miedo de que me corriera? ¡Por favor! eso hubiera sido lo más conveniente para mí, pero ni en broma valía la pena esperar a que sucediera y me liquidaran; hay cosas que valen mucho más que cualquier cantidad de dinero, y una de ellas fue su predecible reacción, con su característica carencia de profesionalidad y clase.

Mientras ella termina de comportarse como si le hubieran hecho un enema con salsa de chiles habaneros y encuentra a mi suplente (quien no solo deberá saber manejar bases de datos y adaptarse al sistema de codificación que utilizan, sino tener la resistencia y perseverancia necesarias para no volverse loco con semejante cantidad de información...¡buena suerte con eso!) yo ya descanso tranquilamente en mi casa. Puedo convivir más tiempo con mis papás, recoger a mi sobrinita de la escuela, ver series y películas, leer la enorme pila de libros y comics que he acumulado, salir a pasear, volver a usar mi cámara fotográfica, retomar el ritmo de mi querido blog y preparar las maletas para pasar una deliciosa semana en mi playa favorita. Eso y el placer de enterarme de la manera en que mostró lo que realmente tiene dentro de la cabeza vale cada centavo de esa liquidación que no me importó dejar de recibir.






Now Playing: Micro cuts (live) - Muse


Saludos Enfermos.












Con dedicatoria especial para A. S. Si lees esto, considérate vengada.