miércoles, marzo 14, 2018

El Cabaret Maldito del Circo de los Horrores enciende un diablo en mí


Vender tu alma no es una decisión sencilla. ¿A cambio de qué la entregarías al Oscuro? ¿Qué deseas con tanto ahínco, qué vale tanto como para pasar la eternidad entre las llamas?

Lucifer, la Bestia 666, es el encargado de guiarte hacia la perdición mientras sus más de 30 súcubos e íncubos posan sus garras, sus nalgas, sus lenguas, sus penes y sus montes de Venus en tu mente —saben cómo estimularla— para hundirte en un profundo pozo de lujuria llamado Cabaret Maldito, la tercera entrega de Suso Silva y su increíble Circo de los Horrores.




El ambiente se impregna paulatinamente de un penetrante aroma a sexualidad contenida; los ánimos se encienden, aunque quedan bien disimulados y sólo se perciben al ver las manos de algunos de los asistentes colocadas discretamente sobre el muslo de sus acompañantes. Claro que no somos los únicos: esta legión infernal toca y se deja tocar por el público, excita cada uno de sus sentidos a pesar de que algunas buenas conciencias señalen el hecho como invasivo; vamos, ¿qué no les han dicho que para pecar es necesario estimular todos los sentidos? 

La diversidad plasmada sobre el escenario hace que todos nos sintamos aludidos sin importar cuáles sean nuestras fantasías más ocultas. Nébula, El Ángel Negro, se erige como la guardiana de quienes, por lo menos una vez en nuestras pervertidas existencias, hemos sido señalados por una sociedad hipócrita, incapaz de asimilar que no a todos nos vienen bien las etiquetas de "lo normal", "lo bueno" y "lo decente". ¡Vamos, que no todo en la vida es coger en la posición de misionero y traer más humanos al mundo!

Tuve la fortuna de conseguir asientos en la sección Lujuria VIP y aunque al principio creí que daba igual estar ahí que en las secciones baratas porque el lugar es considerablemente más reducido que el Teatro Molière y casi desde cualquier lugar se ve bien, me tomó poco tiempo darme cuenta de por qué esos boletos valen lo que cuestan.




Estar frente al escenario hizo que mis instintos básicos tuvieran una orgía con mi forma de apreciar el arte, dejando que mis continuas erecciones provocadas por Demencia la succionadora alternaran con la claridad mental que pude conservar para apreciar detalles como la caída de la luz sobre esos cuerpos femeninos y masculinos casi perfectos, o los ángulos en que las sombras convertían curvas y musculaturas diabólicas en regalos divinos a la vista. Todo lo que sucede sobre ese escenario es digno de capturarse para siempre, y a pesar de que me sentí muy tentado a hacer alguna fotografía furtiva (que de todos modos, el tripié ya lo traía incluido), la verdad es que me pareció una falta de respeto contravenir las reglas del espectáculo y preferí guardar esas imágenes en la memoria, donde mi Perra del Infierno favorita aparece de repente y exprime mi alma hasta dejarla exhausta.

Pecadores de la #CDMX, tienen hasta el 20 de abril para ir a Puebla 186, en la colonia Roma Norte y sacar hasta la última gota de placer a sus sentidos; después, Cabaret Maldito se va para un par de fechas en Guadalajara y quién sabe cuándo los volvamos a ver. ¡No se lo pierdan!




Now Watching: Chivas vs Seattle Sounders


Saludos Enfermos.


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